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La mañana se vino encima incluso antes de que diera cuenta, y mi mamá ya estaba en el hospital con un café, unos muffins de arándanos del Starbucks y una bolsa con una muda de ropa para mí. En primer lugar, ella me abrazó muy fuerte, clavando un beso sonoro en mi mejilla. —Te ves horrible, cariño.
Había traído café suficiente para alimentar a toda la planta del hospital, así que todos desayunamos, Eunji, Rosé, Hwasa, Sam, Mike, Lucas y Namjoon habían llegado a primera hora de la mañana antes de que mamá me arrastrara a los baños. Me había cambiado a un par de pantalones vaqueros y un jersey rojo y me lavé los dientes, lo cual era lo más cercano a esa ducha que tanto deseaba tomar desde que me negué a dejar el hospital para ir a casa. El peine que mi mamá había traído se atascó en mi cabello por lo menos dos veces, y me quejé todo el tiempo mientras me cepillaba los enredos y los nudos que se habían formado durante la noche. En secreto, sabía que a ella le encantaba jugar a ser estilista conmigo. Al terminar el cambio de imagen, por lo menos me veía medio humana.
—Sigo creyendo que deberías ir a casa y dormir un poco—Mamá dijo mientras nos uníamos al resto en la sala de espera.
—Yo no me voy—Repetí por enésima vez. Me negué a ir a ninguna parte más que unos pocos metros de distancia de las puertas de la UCI. Ni que decir tiene, Namjoon y yo habíamos sido expulsados de la sala unos diez minutos después de haber llegado por la enfermera que estaba a cargo de los pacientes anoche. Ella amablemente nos había advertido que si nos volvía a ver allí llamaría a seguridad. A pesar de que quería estar junto a Jungkook en caso de que este abriera los ojos, me sentí agradecida de haber podido al menos verlo un poco ya que ahora en la mañana el hospital era mucho más concurrido y había tantas enfermeras que sería imposible acercarme, ni siquiera con la excusa de ser su prometida.
A Eunji y Rosé se les permitió entrar y ahí es donde había estado la mayor parte del tiempo, por lo que supe lo aburrido que se les hacía no poder recibir ninguna respuesta de Jungkook y tener que verlo tan mal. Era un nuevo nivel de corazón dolido.
Sam palmeo el asiento junto al de ella cuando me vio ir y venir por el pasillo. No creo que alguna vez haya mordido mis uñas tanto. Una de ellas incluso sangraba.
—Necesitas relajarte o vas a tener un aneurisma—Dijo mientras me dejaba caer en el pequeño sofá azul.
Suspiré. Había estado sintiendo malestar en el estómago durante tantas horas que ya ni me sentía inquieta.
—Estoy muy preocupada—Le dije, moviendo mi rodilla.
Sam puso su mano en mi pierna para detenerla. —Todos estamos preocupados, pero ese es Jungkook. Le encanta ser el centro de atención de vez en cuando, se despertará en cualquier momento cuando se canse del show.
Sabía que estaba tratando de hacer la situación más ligera y sacar de esta una broma, pero ni siquiera pude fingir una sonrisa. —Ni siquiera sé lo que va a pasar cuando se despierte—Admití
—¿Qué quieres decir? Si soy sincera, no tengo ni idea de lo que paso entre vosotros, porque Jungkook ha estado esquivando mis preguntas. Eso significa que se siente mal.