Capitulo 2: Nueva Vida, Nueva Escuela

235 16 0
                                        

El murmullo del capitán por el sistema de altavoces anunció el descenso hacia el aeropuerto de Narita. Kira Potter abrió los ojos lentamente, sintiendo el aire seco del avión en la garganta. Al mirar por la ventanilla, el paisaje de nubes densas dio paso a la inmensidad de Tokio: un mosaico infinito de luces, rascacielos y autopistas que no se parecía en nada a la sobriedad gris de Londres.

Inhaló despacio, buscando calmar el pulso. Había dejado atrás Gran Bretaña, su nombre y la sombra de una guerra que no le pertenecía. Esto era un lienzo en blanco.

Tras pasar el control de inmigración con el equipaje a cuestas, Kira emergió a la concurrida terminal de llegadas. El director Dumbledore le había asegurado que alguien la esperaría, pero al recorrer con la mirada la fila de choferes y familiares con carteles, no encontró su nombre por ninguna parte. La fatiga del viaje y la tensión acumulada comenzaron a pasarle factura. Vencida por el cansancio, se sentó en la esquina de una banca metálica, abrazando su abrigo.

Una sombra imponente se proyectó sobre ella.

Al levantar la vista, el aliento se le atascó en el pecho. El hombre que la observaba parecía extraído de un grabado antiguo adaptado a la modernidad. Alto, de tez pálida y facciones esculpidas con una severidad elegante, llevaba el cabello negro recogido con pulcritud en la nuca y vestía un traje de corte impecable. A su alrededor, varios pasajeros muggles se giraban para mirarlo, atraídos por su presencia; sin embargo, los ojos oscuros del desconocido estaban fijos exclusivamente en ella, evaluándola con una mezcla de reserve y profundo escrutinio.

—¿Kira Potter? —preguntó. Su voz era grave, modulada con una autoridad natural.

—S-sí... —respondió ella, encogiéndose instintivamente en el asiento.

El hombre se inclinó apenas unos centímetros, lo suficiente para que su voz no se filtrara en el bullicio de la terminal.

—Soy Tanaka Rei. Ministro de Magia de Japón.

Kira abrió los ojos de par en par, paralizada por la sorpresa.

—Señor... yo...

—En marcha —interrumpió Rei con suavidad pero sin admitir réplica. Tomó el baúl de la muchacha como si no pesara nada y echó a andar—. No te quedes atrás.

Kira se apresuró a seguirlo. Dumbledore jamás le advirtió que el mismísimo líder del gobierno mágico del país iría a recibirla en persona. Mientras caminaba a su lado, pudo percibir la magia que rodeaba al ministro: no era una fuerza ruidosa ni amenazante como la de Snape o Umbridge, sino una presencia densa, constante y extrañamente reconfortante, similar al peso del aire antes de una tormenta de verano.

Al salir de la terminal, un automóvil negro de líneas aerodinámicas los esperaba. El chofer abrió la puerta trasera y el ministro hizo una leve indicación con la cabeza para que ella abordara primero.

El trayecto transcurrió en un silencio contemplativo. Tras las ventanillas polarizadas, el paisaje urbano de Tokio dio paso a las colinas cubiertas de niebla de la provincia. Kira observaba las carreteras pulcras, los templos antiguos encajados entre la vegetación y los destellos de innovación que salpicaban el camino. Sin poder evitarlo, comparó la vitalidad del lugar con la rigidez de su patria.

A su lado, Rei la observaba de reojo. Cuando Albus Dumbledore se presentó semanas atrás en su despacho para solicitar el asilo de la muchacha, el ministro japonés sintió una profunda indignación hacia la administración británica. En la sociedad mágica nipona, los jóvenes eran considerados el pilar del futuro, protegidos y custodiados con celo ancestral. La idea de que una adolescente hubiera sido expuesta a torneos mortales y sometida al escarnio público resultaba aberrante.

Una Nueva VidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora