Capitulo 6: Sombras de Luna

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Habia pasado una semana desde que Kira entrego por via lechuza los regalos a la Orden del Fenix, a Sirius, a Remus y a Neville, asi mismo como habia pasado una semana desde que envio esa carta a Lady Longbottom y los regalos a Percy Weasley. El viento helado de diciembre soplaba con fuerza en las alturas, pero la magia que envolvía los terrenos de Mahoutokoro mantenía un equilibrio sutil entre la rigidez del invierno y la calidez de su arquitectura antigua. Para Kira Potter, sin embargo, el concepto de "vacaciones" era una noción práctica: dos días después de que los profesores asignaran las tareas de Runas Antiguas, ella ya las había completado en la soledad de su habitación. Quería disfrutar de los días festivos sin el peso de los pergaminos pendientes.

Al terminar el último trazo de tinta sobre el pergamino, notó que el sol comenzaba a declinar, marcando la hora de la merienda. Salió de su cuarto y se dirigió al comedor central, donde sus amigas la esperaban en una de las mesas laterales.

Se acomodó junto a ellas, iniciando una conversación ligera sobre los hechizos de climatización, cuando el rumor de pasos pesados llamó su atención. Rina y Ryusei cruzaban el salón llevando consigo dos enormes cestas de picnic de mimbre reforzado.

El tamaño de las cestas era insólito. Kae, Meshi y Akira miraron al dúo con absoluta indiferencia, acostumbradas al ajetreo del colegio, pero Kira los observó con una abierta mezcla de curiosidad y confusión. Ryusei notó el escrutinio e indicó a Rina que se acercaran.

—Hola Rina, Hola Ryu —saludó Kira, haciéndoles un espacio en el banco.

—Hola Kira —respondió Ryusei, dejando caer la cesta sobre la madera con un golpe sordo que delató su peso—. ¿Ya han terminado los deberes?

—Estoy segura de que Kira ya los terminó —comentó Rina, lanzándole una mirada burlona y directa a las tres hermanas—, pero ustedes no. Siempre lo dejan todo para el último minuto.

—¡Hey! —frunció el ceño Kae, cruzándose de brazos con indignación.

—¿Qué hay ahí dentro? —interrumpió Kira, inclinándose hacia el tejido de mimbre.

—¿Hmm? —Ryusei miró el bulto—. Ah, tienen comida para la manada de lobos.

—¿Lobos? —Kira parpadeó, sorprendida—. ¿Hay lobos aquí?

—Sí —asintió Rina con naturalidad—. Hay una represa cerca de aquí. Los lobos siempre han ayudado a los alumnos de Mahoutokoro en la enseñanza de sus costumbres y tradiciones. Nosotros siempre les llevamos comida o libros; a menudo los encontramos transformados.

—¿Qué? —exclamó Kira, abriendo los ojos de par en par—. ¿Y no... no hacen daño?

Ryusei pareció meditar la pregunta unos segundos.

—Mmm... es normal que pienses eso. Por los lobos de Inglaterra, ¿verdad?

—En parte... es que... —Kira bajó la mirada por un segundo, recordando la penumbra de la Casa de los Gritos y el terror descontrolado de aquella noche—. En mi tercer año... esa fue mi experiencia con los lobos.

Rina ablandó su expresión y le ofreció una sonrisa cálida.

—Ya veo. ¿Quieres venir y ver cuán diferentes son nuestros lobos?

—Iremos con ustedes —sentenció Akira, poniéndose de pie de un salto junto a sus hermanas.

—No tan rápido —intervino una voz severa a sus espaldas.

Kai y Anne, los senpais a cargo del bloque, se detuvieron tras ellas con los brazos cruzados y una postura inflexible.

—Ay no... —murmuraron las tres hermanas al unísono, volteándose con lentitud—. Hola, senpais...

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⏰ Última actualización: Aug 28 ⏰

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