+Grimmauld Place, Día de Navidad+
El frío de finales de diciembre no respetaba las paredes de piedra de la Antigua y Noble Casa de los Black. En el número 12 de Grimmauld Place, la humedad se filtraba desde el piso inferior, colándose por entre las alfombras desgastadas y el papel tapiz que se desprendía en esquinas oscuras. El ambiente olía a polvo añejo, a hollín de chimenea y al aliento agrio de un edificio que había pasado décadas alimentándose de su propia amargura.
A pesar de las guirnaldas de acebo y los encantamientos de calefacción que Remus Lupin renovaba discretamente cada dos horas, la sala principal conservaba un aire de vigilia fúnebre. Las sombras danzaban en las paredes con la lentitud de los fantasmas que se resistían a partir. La Orden del Fénix, junto a sus familias, se apiñaba alrededor del árbol de Navidad como si la cercanía física pudiera protegerlos del peso de la guerra que afuera ya afilaba sus garras.
Sirius Black permanecía de pie junto a la cornisa de la chimenea, con los hombros rígidos bajo un chaleco raído. La luz del fuego delineaba sus pómulos marcados y el destello apagado de unos ojos que habían pasado demasiado tiempo contemplando sombras. A su lado, Remus observaba a los Weasley con esa seriedad tranquila que en él siempre escondía una profunda fatiga militar. Sus manos, cruzadas sobre el regazo, mostraban los nudillos cicatrizados, testimonio de la última luna llena.
La apertura de los regalos había comenzado con un entusiasmo forzado, una comedia tácita donde todos actuaban para no dejar caer el peso de los tiempos oscuros sobre los hombros del otro. Albus Dumbledore, envuelto en túnicas de terciopelo azul noche bordadas con constelaciones de plata que parecían moverse lentamente, deshacía con paciencia quirúrgica el envoltorio de dos gruesos tomos sobre arqueología rúnica enviados por Minerva McGonagall.
—Ah, Minerva —murmuró Dumbledore con una sonrisa suave que no le llegaba a los ojos—. Siempre tan atenta a recordarme que mi mente necesita ejercicio antes que descanso. Te lo agradezco, de veras.
Minerva, sentada en un sillón de orejas con una postura que ningún encantamiento lograría doblegar, inclinó apenas la cabeza mientras daba un sorbo a su té.
A pocos pasos, Molly Weasley rodeó con ímpetu maternal a sus hijos mayores tras desenvolver un chal de lana roja, denso y tejido con una minuciosidad que delataba noches enteras de desvelo. Los nudillos de Molly se pusieron blancos al apretar la tela contra su pecho, abrazando a los suyos con la desesperación sorda de quien sabe que los años de paz han quedado atrás. Arthur, por su parte, examinaba con absoluta fascinación una navaja suiza de múltiples hojas que sus hijos le habían obsequiado; la probaba con una curiosidad casi infantil, ignorando los suspiros de desaprobación de su esposa mientras comparaba la pequeña hoja de metal con el juego de corbatas de seda discreta que Molly le había regalado.
Los regalos continuaron pasando de mano en mano en un ritual de gestos conocidos. Bill Weasley dobló cuidadosamente su nueva chaqueta de cuero—un obsequio de Fleur Delacour cuyo aroma a piel tratada y hechizos de protección aún saturaba el aire—y la colocó junto al tomo de crónicas antiguas que Charlie le había enviado desde Rumanía. Fleur, a su lado, ajustó en su cabello dorado una horquilla de plata trabajada con filigranas de olas marinas que Bill le había devuelto como respuesta a su afecto.
Esterilizado por la ausencia, el rincón donde habitualmente se habría sentado Ron permanecía vacío. Nadie mencionaba su nombre, pero el hueco en el círculo se sentía como una herida abierta. La expulsión tácita de la casa y el distanciamiento de sus hermanos no eran producto de una rabieta adolescente, sino el resultado amargo de una ruptura familiar sellada por la deslealtad y la sospecha. Ron no había enviado regalos, ni había querido recibir los pocos bultos envueltos en papel ordinario que Molly le había preparado con lágrimas antes del amanecer. La fractura en el apellido Weasley era una sombra más en una casa ya saturada de ellas.
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Una Nueva Vida
FanfictionKira Potter, es agredida fisicamente y verbalmente por sus compañeros. Sus mejores amigos se han unido para hacerle mas daño, las demas casas tambien junto con la participacion de algunos Slytherins y la nueva profesora de DCAO, Dolores Umbridge. Al...
