Capítulo 2: Recuerdos.

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— ¿Y qué haces aquí? —cuestioné una vez que me incorporé sobre mis pies.

— ¿Yo? Nada. Sólo asegurándome de que no te hayas suicidado en éstas últimas semanas.— Levanté una ceja en su dirección, ¿no pudo ser un poco más sutil?

— "¿Sutil?, esa palabra no existe en su diccionario."— Me recriminó mi conciencia como sí fuera lo más obvio del mundo. Esa odiosa voz interna últimamente no hacía más que matar mis pensamientos cada vez que me sumía en mi soledad.

— Ya viste que estoy bien, ¿qué esperas para irte?— No estaba de animos para visitas, por más que se tratara de mi mejor amigo.

— Eres un maldito malagradecido; todavía que me preocupo por ti y así es como me pagas.— Lo mire con desconfianza, por alguna razón no me creí eso. Es cierto que es mi amigo y sé que sí se había preocupado, pero también es cierto que lo conozco. Y habría venido a verme desde mucho antes, de ser así. Así que algo se traía entre manos.

— Vale, respeté tu decisión y te di tu tiempo para que estuvieras solo y asimilaras todo. Pero ya es suficiente encierro para ti.— Me quede esperando lo que quería escuchar, soltó un suspiro de rendición —o al menos así lo interpreté— para luego continuar hablando.

» Y también vine porque los chicos habían apostado a que ya debías de estar del otro lado mientras yo aposté a que de seguro estabas moribundo pero no muerto.— Se encogió de hombros restándole importancia al asunto.

No me podía ver la cara, pero estoy seguro de que tenía un tic nervioso en la ceja. ¿Habían apostado? Mierda, no me sorprende de esos idiotas que se dicen ser mis amigos pero mínimo hubieran tenido un poco más de discreción. No quería compasión de nadie pero ellos eran simplemente increíbles.

Aunque estoy seguro de que de haber sido otro, yo también hubiera hecho lo mismo; así que no le tome mayor importancia. Menudos amigos que me gastaba, con amigos así ¿para qué enemigos?, con ellos tenía de sobra y para regalar.

— Ahora ve y báñate; hueles peor que el vagabundo de la esquina.— Me empujó en dirección al baño mientras yo me dejaba guiar sin animo alguno. Tenía la esperanza de que se fuera pero el muy maldito no tenía intenciones de salir por la misma puerta por la que entro.

Al poco rato me quede solo en el baño sin siquiera hacer un ademán de abrir la llave del agua, no tenía ganas ni de bañarme. Y eso era extraño; podría ser un hombre pero no era del tipo que tenía su departamento vuelto un asco y no tenía higiene, era todo lo contrario, pero últimamente no le había tomado mucha importancia a ese hecho.

— Neil es un completo exagerado, no creo que huela tan...— Mierda, tenía razón. Apestaba más que el vagabundo de la esquina y eso ya era mucho decir.

Abrí la llave del agua caliente y me adentré bajo la ducha. Hacia mucho que no sentía mi cuerpo relajarse de esa manera; el agua caliente hacía maravillas con mis músculos tensos. Aún así, hay cosas que un buen baño no resuelve, y eso eran lo recuerdos.

En ese ambiente de relajación me permití ser débil una vez más ante los recuerdos que regresaban a mi mente; quería olvidar, pero no podía hacerlo por más que lo intentara.

. . .

—¡Mírame, Elliot! —exclamó. Una pequeña y sincera sonrisa se asomó por su rostro. Él adoraba verla actuar de ese modo; como una niña pequeña, inocente e ignorante de todos los peligros del mundo exterior.

Quería mantenerla así por siempre, alegre y sencilla. Porque —para él— ella era así, su sonrisa reflejaba la inocencia de su corazón.

Se encontraban en un pequeño prado de flores dentro del bosque; habían decido salir un rato de la monotonía de la ciudad, y fueron a un día de campo. Él no solía ser romántico, ni mucho menos era del tipo de hombres que solía tener esa clase de detalles, pero con ella era diferente, lo hacía querer ser una mejor persona.

— Ten cuidado, te podrías hacer daño —advirtió.

Ella se encontraba bailando al compás del viento alrededor de las flores con los brazos extendidos; como si pudiera volar, como si fuera libre como el viento... y se dejara llevar por el. Pero no le prestaba atención a sus pies ni donde pisaba, así que podía caer.

Y digamos que a su vista —y a la de cualquiera que la conociera en realidad—, ella no tenía tan buena coordinación.

Como sí sus pensamientos hubieran sido invocados; tropezó con una pequeña piedra y en un acto de reflejo, él la tomo fuertemente de la cintura para evitar su caída.

—"Esto parece cliché de telenovela" —pensó Elliot involuntariamente.

— No tengo miedo de lo que pueda suceder, porque sé que tú siempre estarás ahí para protegerme, ¿verdad?—susurró sólo para que él la escuchara; aunque no hubiera nadie en los alrededores, como si fuera un secreto entre ellos dos.

Ambas miradas se encontraron, y Elliot sólo podía perderse en esos profundos ojos azules que de cierta manera, lo hechizaban.

— Siempre te protegeré.— Los labios de ambos se encontraron tímidamente, buscando profundizar el beso y expresar todo lo que sentían en ese momento pequeño pero perfecto...

. . .

— ¡¿Elliot, estás listo?!— El grito de Neil me sacó de mis pensamientos; y mientras cerraba la llave del agua para salir del baño, solté un sonoro suspiro. No quería seguir recordando esos momentos; quería que volvieran esos días, pero no volverían... ya no más.

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Dedicado a xAmnesiaHx , berenephilim y a DaniiSora por darme su opinión y leer muy fielmente hasta el final ésta historia.

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Nota de Autora:

No sé cómo les aparezca a ustedes, pero por ahora he podido utilizar los guiones largos sin que Wattpad me los cambie, cualquier cosa, me avisan. Saludos (:

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