— ¿Explicarme qué? —replicó molesta—. ¿Me vas a decir que tus manos aterrizaron accidentalmente en el trasero y en los pechos de Amber por casualidad, ah? ¿Ó qué ella estaba sentada en tus piernas a falta de alguna silla y tú muy "caballerosamente" le ofreciste tu regazo? —comentó sarcástica. Él frunció el ceño ante aquellas aseveraciones.
Cosa que era cierta; había sucedido pero no era lo que exactamente lo que estaba pasando por la cabeza de ella en esos momentos. Estaba molesta, muy molesta y desde el punto de vista de Elliot; sabía que no podría culparla por estar así después de haberse llevado semejante sorpresa apenas al haber llegado al bar.
— No es lo que crees...
— ¿Ah, no? Entonces explícamelo tú, porque obviamente yo no lo entiendo.
— ¡No fue mi culpa, Julie! No te he mentido, y lo sabes —dijo acercándose un poco más a la ojiazul—. Ella llegó y comenzó a seducirme esperando que yo cediera ante sus... "encantos".— Frunció aún más el ceño a falta de otra expresión que utilizar y ella lo miro con cierta burla en sus ojos por su expresión—. La rechacé y aún así Amber siguió insistiendo; se sentó en mis piernas un poco antes de que tú llegarás y tomó mis manos para posicionarlas sobre ella, alegando algo sobre que nadie me daría lo que ella sí.— Interrumpió su explicación al notar que ella lo veía con un ceja alzada, de seguro por la mueca de asco que tenía en el rostro—. Y cuando intenté quitarla de encima ya habías llegado tú y lo mal interpretaste todo.
— ¿Y cómo esperas que te crea? —cuestionó.
— Pregúntale a los demás, ellos estaban presentes y observaron toda la escena.
— Oh, vamos Elliot. Estoy segura de que estabas muy cómodo con tus manos en sus pechos de plástico.
— No, en realidad los prefiero naturales.— Se acercó aún más a ella y a cada paso que daba, retrocedía. Sonrió con suficiencia; le gustaba ese juego del cazador y la presa, y más porque sabía el efecto que él tenía sobre ella.
— Eres un... Prostituto barato.— Alzó las cejas en su dirección y ella se encogió de hombros.
Con ella nada era fácil y eso le encantaba; era diferente y aún cuando acababa de salvarla de un suceso horrible, ella mantenía su orgullo y seguía recriminándole aún a pesar de que sabía que no mentía.
— Adoras a éste prostituto barato.—Sonrío acercándose aún más a ella.
— N-No... ¿Por qué habría de adorarte? —Desvío su mirada a lo que él amplió su sonrisa aún más—. No tienes nada que no pueda encontrar en otra parte
Ouch, eso sí dolió. Claro que él sabía que solo lo decía por el calor del momento y la situación, pero aún así. Dos también podía jugar este juego.
— ¿Eso crees? Pues no piensas eso cuando te quedas mirando fijamente mi trasero.— Un gran sonrojo cubrió sus mejillas nuevamente, haciéndola ver más tierna de lo que ya era para él.
— Es que cada vez que lo veo me recuerda al de mi abuela, flácido y arrugado.
— "¿Con qué en esa estamos, eh?"—pensó—. ¿Le has visto el trasero a tu abuela? —respondió con burla.
— No, pero no hizo falta. Supuse que debía ser como el tuyo.—Arremetió contra él acercándosele con una mirada retadora y los brazos cruzados.
— Pues si tiene el trasero como el mío, me imagino que debe de tener igualmente un proporcionado busto. No como el tuyo.— Él sabía que eso daría por terminada la discusión, o al menos lo intuía.
— Idiota, grandísimo hijo de la fruta —susurro—. Pues sí; pero ya deberías saberlo, te has llevado a media ciudad a la cama. No me sorprendería que a ella también.
— Plana —contestó—. Aunque... a la única a la que en realidad quiero llevarme a la cama es a otra...—En todo lo que habían discutido, quedaron cerca el uno del otro, lo suficiente para sentir la respiración que cada uno despedía.
— Te odio.
— Yo también te amo.—Acortó la poca distancia que los separaba para juntar sus labios con los de ella.
Al principió solo fue un roce, cálido y suave, pero luego fue subiendo de tono. La lluvia se entremezclaba con el sabor de sus labios y cada segundo deseaban saborear los del otro aún más.
Él colocó sus manos en su pequeña cintura atrayéndola más hacia sí mismo, sintiendo como los latidos desbocados de su corazón se entremezclaban con los suyos. No quería que se separase de él ni por un segundo; y tal como le sucedía a él, ella también lo deseaba. Sintió las manos de ella colocándose alrededor de su cuello acercándolos aún más —si es que eso era posible—, mientras jalaba de sus cabellos de vez en cuando y los acariciaba lentamente. Estaba seguro que de poder, se fusionarían ambos de lo pegados que se encontraban.
Pronto la falta de aire los hizo separarse y se miraron fijamente a los ojos una vez que lo hicieron. Elliot veía en ella ese brillo en su mirada que solo aparecía cuando estaba con él y eso lo hacía sentir completo; estaba seguro de que ella podría ver el mismo brillo en él.
— Sabes que no te miento. Eres la única chica en mi vida que me ha importado tanto alguna vez, y deseo estar contigo así para siempre.
— ¿La única chica? ¿Eso quiere decir que hubo un chico antes que yo?— La sonrisa burlona en su rostro lo hizo negar con la cabeza por sus ocurrencias. Definitivamente, Julie arruinando momentos románticos desde tiempos inmemoriales; según él.
» Lo sé, y siento mucho haberte dicho todo eso es solo que... Al verte con Amber sentí mucha rabia y al final termine desquitándome contigo.
— ¿Celosa?
— Ya sabes la respuesta.— Ocultó su mirada mientras se volvía a sonrojar. ¿Ya había dicho que él adoraba sus sonrojos? Le dio un casto beso en los labios que hizo que volviera a mirarlo—. Tú también eres el único que me importa, y no quisiera que esto se acabe nunca.
Se besaron nuevamente sin darle mucha importancia al hecho de que seguía lloviendo y que se encontraban en medio de la calle a altas horas de la noche, en ese momento solo estaban ella y él; nada más importaba.
. . .
En éstos momentos ya el sueño me estaba ganando así que cerré la ventana para no encontrarme un desastre de agua en la habitación al despertar y me acosté en la cama. De seguro mañana estaría muerto de la resaca que tendría y ni mencionar mi apariencia, si antes parecía un muerto viviente no imagino como terminaré después de esta noche bebiendo sin parar.
Y por sí se lo preguntan; ese día terminamos ambos enfermos por haber estado más tiempo del indicado bajo la lluvia y con la ropa mojada, pero aún así no hubiera cambiado nada de lo que paso; excepto tal vez el mal rato en el callejón, pero lo demás fue simplemente perfecto.
Luego de eso habíamos decidido por fin regresar a mi apartamento que era el más cercano, a cambiarnos por ropa seca y demás; y en el camino nos encontramos a un negro de dos metros deambulando por la calle, y salimos corriendo a casa.
¿Extraño no?
.
.
.
Dedicado a
.
Nota de Autora:
Al fin, aquí el final de éstas partes. ¿Qué les pareció? Déjenme su opinión, que siempre me encanta leer sus comentarios. Y gracias a todos los que me han votado; seguido, leído, entre otras cosas más, agradezco y aprecio mucho todo eso ^^
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Amnesia
Short StoryPara él era difícil siquiera pensar en tenerla lejos, y la idea de despedirse de sus recuerdos aún lo atormenta. Era lo único que le quedaba de aquella que había significado tanto en su vida, era una parte de su alma que no podía dejar ir tan fácilm...
