Capítulo 1.

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Las calles de Japón, del mundo entero, están más silenciosas que nunca. A lo lejos, Taiju puede oír el lamento de algún animal y las alarmas de coches y comercios que nadie ha podido apagar, pero la ausencia del barullo humano –risas, charlas e incluso el llanto o los gritos– es dolorosamente notoria.

Yuzuriha señala columnas de humo que se levantan en la lejanía. Senku sacude la cabeza.

—Solo imagina lo que sucedería si te quedas dormido mientras conduces, mientras cocinas o pilotas un avión —explica—. El tiempo se ha congelado para los humanos, pero el planeta sigue rotando.

—Entonces... ¿No queda ninguna persona en el planeta a parte de nosotros? —pregunta la reportera Minami con aflicción.

—Hay más —dice Stanley con los ojos cerrados.

Todos se giran a mirar al hombre. Ukyo se sobresalta al darse cuenta de lo que Stanley quiere decir y señala a un edificio.

—Hay alguien ahí —murmura—. Son varias personas.

Sin un líder al que consultar sobre qué hacer, muchos miran a Senku. Puede que sea solo un adolescente, a diferencia de los adultos que hay entre ellos, pero hasta el momento es el que ha parecido más seguro de sí mismo. Senku, sin embargo, no se inmuta por la atención o el peso de la responsabilidad sobre él. Se queda de brazos cruzados y mira a Taiju expectante.

—¡Hola! —grita Taiju saludando a la nada, sobresaltando a los más cercanos— ¡Encantado, me llamo Taiju! ¡¿Quiénes sois?!

—¿Este chico no conoce la sutileza? —brama Gen con indignación.

A pesar de las palabras de Gen, la personalidad de Taiju parece haber funcionado. Salen tres personas de detrás del edificio: un hombre y dos mujeres. No necesitan darles una segunda mirada para descubrir que, como las personas que Senku encontró, ellos son del futuro de este mundo de piedra.

La chica del medio es increíblemente hermosa. Se acerca al grupo con timidez y saluda.

—Mi nombre es Amaryllis —Se presenta encantando a los hombres más cercanos—. Estos son Mozu y Kirisame. No sabemos qué está sucediendo, es por eso que nos quedamos escondidos ahí atrás.

—Está tratando de parecer inofensiva, y además está mintiendo —murmura Gen con una sonrisa peligrosa—. Lo que no sabe es que este juego lo pueden jugar dos.

—No hay tiempo de juegos —interrumpe Senku—. Lo que sea que tengan planeado pueden dejarlo para después, ahora deberíamos leer el manga.

—Espera, hay más gente escondida —dice Ukyo—. ¿Por qué no le decís que salgan? —pregunta con amabilidad dirigiéndose principalmente a Amaryllis.

—¿Por qué deberíamos confiar la seguridad de nuestra gente a unos desconocidos? —desafía fríamente la otra chica, Kirisame.

—Porque no somos enemigos —dice Yuzuriha con el ceño levemente fruncido—. El único enemigo es quienquiera que sea la persona que ha hecho esto —dice señalando a las personas petrificadas.

Algunos más agudos como Senku, Xeno o Gen no se pierden la leve tensión que se levanta en los hombros de Amaryllis cuando Yuzuriha menciona la petrificación.

—Si no quieren mostrarse, que así sea. No es relevante —dice Xeno—. En este momento solo hay que averiguar cómo y por qué sucedió esto —exhorta mientras tiende el libro para que alguien lo coja.

Yuzuriha se adelanta y lo toma en sus manos. Frunce el ceño al ver las puntadas usadas en la portada de piel del manga para la encuadernación, reconociéndolo como su propio trabajo. Sacude la cabeza y abre el libro. Lo que sea que los haya llevado a este punto debería estar aquí escrito.

Hado | Watching Dr. StoneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora