Capitulo 7

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Adele seguía de pie con los hombros tensos y los ojos fijos en mí, como si esperara que yo intentara arrebatarle a su hijo o algo por el estilo

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Adele seguía de pie con los hombros tensos y los ojos fijos en mí, como si esperara que yo intentara arrebatarle a su hijo o algo por el estilo.

Tiernamente aterradora, pensé, después de todo no era solo miedo, había fuego en su mirada, tenia ese brillo que gritaba que haría lo que fuera por protegerlo.

Y lo peor era que yo no sabía qué decir, nunca nadie me habían dejado sin palabras, al menos no tantas veces como Adele en tan poco tiempo.

Estaba a punto de intentarlo —expresar una disculpa torpe, quizá— cuando mi teléfono sonó.

—Adele, discúlpame un momento —le dije, intentando sonar calmada.

El nombre en la pantalla me hizo soltar un suspiro, era uno de los administradores de la filial que tenemos en los Ángeles.

Respondí.

Su tono fue tan gris como las noticias que traía, una crisis financiera, habían reuniones urgentes y accionistas histéricos.

En tres días debía viajar a Los Ángeles para apagar el incendio, perfecto, otra capa de gasolina en mi ya encantador incendio personal.

Mientras el administrador hablaba, yo solo pensaba en lo irónico que era todo, mi padre presionándome para casarme con un idiota, los accionistas dudando de mi capacidad para dirigir la empresa... y ahora esto.

—El problema mayor viene de uno de los antiguos socios —dijo el administrador— Está convenciéndolos de que una mujer no debería manejar tanto poder sola, que si estuviera casada, su esposo debería hacerse cargo.

Cerré los ojos, lo vi venir antes de escucharlo.

—¿Cuál es el apellido del incitador? —pregunté, con el hilo de voz que me quedaba, como se atrevían a dudar de mi después de tantos años de sacrificio por los negocios familiares.

Y cuando lo dijo, todo encajó.

El apellido del idiota con el que mi padre quiere comprometerme.

Claro.

Así que de eso se trataba, negocios, poder y apariencias, otra jugada en el tablero de mi padre.

Corté la llamada con un suspiro y al levantar la vista, Adele aún estaba ahí abrazando a su hijo con fuerza, de pronto, su miedo me pareció en sus ojos y lo sentí más sincero que cualquier palabra de todos esos hombres juntos.

—Adele, no te preocupes —dije despacio, intentando no sonar como una jefa estricta— No estoy enojada contigo y tampoco voy a hacer nada. Después de todo lo que pasó... no parece culpa de nadie, yo solo quiero saber cómo este pequeño llegó aquí.

El niño me miró con su ceño fruncido y contestó antes que su madre.

—Vine porque quería ver a mi mamá.

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