Adele es una chica tímida y talentosa que necesita dinero con urgencia y acepta un trabajo como asistente, aunque eso implique cruzar límites que nunca pensó tocar.
Victoria, dueña de una empresa exitosa, es fría, perfeccionista y temida por todos...
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Adele no dijo nada.
Ni una palabra durante el resto de la comida. Respondía a Cris con suavidad, le sonreía y lo ayudaba a comer... pero conmigo no cruzó más que miradas breves y tensas. Yo las noté todas. Cada una.
Cris, por supuesto, no notó nada, el estaba feliz, concentrado en su plato, hablándome de cosas que solo un niño puede considerar urgentes e importantes.
Cuando terminamos, Adele respiró hondo.
—Cris, cariño —dijo con una calma que no le conocía— ¿puedes esperarnos un momento en la sala? Ve a jugar un poco.
—¿Con mis juguetes? —preguntó él.
—Sí, mi amor. Ahora volvemos.
Cris asintió y salió corriendo.
Entonces Adele se giró hacia mí y su expresión se torno seria. Demasiado seria.
Tomó mi mano.
—Victoria —dijo— Necesitamos hablar en privado.
Asentí de inmediato así que mejor no pregunté nada. La llevé a mi oficina y cerré la puerta detrás de nosotras.
Apenas lo hice, Adele explotó.
—Esto está mal —dijo, con la voz temblando de rabia— Desde el principio está mal.
—Adele, yo...
—No —me interrumpió— No involucres a Mi hijo, no vuelvas a hacerlo.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero su postura era firme.
—No quiero que Cris se encariñe contigo si después decides que esto ya no te interesa —continuó— No quiero que piense que lo abandonaron. No quiero que sufra por algo que ni siquiera entiende.
Cada palabra me golpeó.
—Usaste a mi hijo —dijo, dolida— Para que yo aceptara y eso... eso no te lo voy a perdonar así como así.
Intenté hablar, pero no me dejó.
—Y lo peor es que... —su voz se quebró— a mí también me gustas y aun así sin tomarme en cuenta Tú hiciste esto, yo soy su madre como es posible que te llame así de un momento a otro.
No lo pensé. La tomé entre mis brazos cuando empezó a llorar.
—Escúchame, por favor —le pedí, apoyando la frente contra su cabello— Te lo ruego.
Al principio se resistió, pero luego se quedó quieta.
—No quise usar a Cris —dije— Te lo juro. Lo que pasó... pasó en el avión, el me habló y me conto todo lo que le había estado sucediendo en la guardería, eso es algo que ningún niño debería vivir a tan temprana edad.
Le expliqué todo, cada palabra de lo que hable con el pequeñín en el avión.
—Fui una idiota —admití— Egoísta y no pensé en cómo podía verse desde tu lado, pero nunca quise hacerle daño. Ni a él, ni a ti.