Adele es una chica tímida y talentosa que necesita dinero con urgencia y acepta un trabajo como asistente, aunque eso implique cruzar límites que nunca pensó tocar.
Victoria, dueña de una empresa exitosa, es fría, perfeccionista y temida por todos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Volvimos a mi departamento los tres. Cris iba saltando a nuestro lado, abrazando la bolsa con sus pinturas como si fuera un tesoro. Yo caminaba un poco más lento, intentando procesar todo lo que había pasado... porque había sido mucho.
Antes de irse, Victoria se inclinó hacia mí y me besó, ¿Por qué es así? ella fue tan suave y el beso fue tan intimo. Fue uno de esos besos que no se olvidan tan fácilmente, ella es demasiado para digerir, es tan dulce.
—Nos vemos mañana —me dijo en voz baja.
Cris no le dio tiempo de dar un paso atrás. La abrazó con fuerza, apretando su pierna con sus bracitos.
—Me encantó el regalo, mamá —le dijo, sin pensarlo.
Victoria sonrió de una forma tan linda, yo nunca antes había visto algo parecido.
—Es para que te conviertas en el artista que quieres ser —respondió, agachándose y besándole la frente.
Antes de irse, volvió a besarme. Yo me quedé mirándola, sorprendida... porque cada día Victoria parecía más cariñosa, más segura de lo que sentía. Y yo... Yo no podía creer lo que estaba haciendo.
Nos besábamos. Éramos prácticamente, una pareja. Estábamos a días de mudarnos juntas. Había un compromiso hablado entre nosotras...Y yo todavía no le había dicho nada a la única familia que me quedaba.
Mi hermano.
Vi a Victoria alejarse en su auto, ese auto que demostraba que ella tenia una vida completamente distinta a la mía. Mundos diferentes, ritmos distintos y aun así, ahí estaba yo, enamorada de ella hasta los huesos.
Tomé la mano de Cris y lo ayudé a cargar su regalo escaleras arriba. Ver la forma en la que Victoria lo miraba, cómo lo escuchaba, cómo lo hacía sentirse importante... había apagado la mayoría de mis dudas. No todas, pero sí las más ruidosas.
Es que... Dios. Esa mujer tenía que tener algún defecto. Algo, porque nadie podía ser tan atenta, tan presente en todo, tan perfecta... y ser real.
Todo estaba bien. Hasta que llegamos al pasillo.
Ahí lo vi.
Mi hermano estaba de pie frente a la puerta del departamento.
Sentí cómo el estómago se me caía a los pies. No lo esperaba, no ahora y mucho menos así.
Él se suponía que estaba en otra ciudad, trabajando temporalmente en un pequeño bufete de abogados. Había aceptado ese trabajo para avanzar, para por fin pensar en su futuro... y yo no quise preocuparlo. No quise decirle nada. Pensé que podía con todo sola.
Siempre pienso eso...Y siempre me equivoco.
Cris lo reconoció antes que yo pudiera reaccionar.
—¡Tío! —gritó, soltándome la mano y corriendo a abrazarlo.