Calor...
Demasiado calor.
Siento que me estoy cocinando en una olla de vapor, desperté.
Son las 8:30 a.m. del día, ¿día?, ¿qué día estamos hoy?, agarré mi teléfono y vi la fecha, 11 de jun.-20. Me quedé mirando el techo con los ojos entrecerrados, no tenía ánimo, estos meses habían sido muy duros, desde que anunciaron la pandemia mi ansiedad había aumentado y me sentía cada día mas sola, tenía a mi familia con bien y nada nos había pasado, teníamos comida, no me mal entiendan, estaba bastante agradecida porque esto no nos había afectado tanto como a otras familias, agradecía internamente cada día por ello, pero...me sentía algo sola, dormir cada día se hacía más complicado, había días en los que dormía con mi madre porque sabía que ella de seguro se estaba sintiendo tan perdida como yo, esto nos había golpeado de forma ruda.
Me levanté y fui al baño, mi vejiga ya me estaba avisando que no podría contenerse, terminé, me lavé las manos y me lavé la cara —Buenos días alegría, buenos días señor sol—susurré tan bajito que a duras penas me escuché —Este será un largo día—corrí a la cocina apenas me terminé de cepillar los dientes y preparé algo para desayunar.
—¿Qué tenemos para hoy? —la voz de mi madre se iba asomando.
—Panquecas de avena — le contesté mientras iba cortando las fresas para decorar las panquecas que, gracias al cielo, hoy no habían salido extrañas.
—Suena rico— dijo mientras se asomaba por el mesón—Y se ven muy bien.
—Toma asiento— le dije mientras terminaba de emplatar e iba sirviendo todo en la mesa con un vaso de leche al lado; a veces hacía este tipo de desayunos, a veces eran unas tostadas simples, desde que empezó la pandemia nos turnamos las cosas, mamá no había ido a trabajar ya que habían suspendido todo tipo de actividad laboral, en realidad todo tipo de actividad se había suspendido; el mundo se había paralizado en sí.
Miré a mamá sentada mientras me iba sentando, no me había dado cuenta de lo mucho que había cambiado físicamente desde que había empezado todo, tenía las ojeras un poco más marcadas, el cabello platinado por las canas que estaban asomando ya que el tinte de su cabello se estaba yendo, su piel se veía tersa y más clara; el sol del trabajo la quemaba, pero cómo hemos estado encerradas ha ido recuperando su tono de piel. Mi madre es muy bonita, es blanca, pero por su trabajo ha ido tomando un ligero tono caramelito bronceado, es pequeña, yo calculo que mide 1,50 cm aproximadamente, cabello muy corto entre rubio y blanco, ojos café algo claros, labios finos con una sonrisa increíble y una nariz perfectamente perfilada, algo rechonchita pero no mucho, es una persona que emana dulzura y calidez.
—Nerea— agitó su mano frente a mí.
—¿Sí mamá? —la miré con torpeza porque recién estaba saliendo de mi burbuja de pensamientos.
—En las noticias salió que pronto podremos ir a hacer las compras— me dijo mientras se llevaba un pedazo de panqueca a la boca y yo simplemente asentí—Yo no podré ir, así que tendrás que ir tú, ¿estás de acuerdo?
—Si ma', averiguaré que centro comercial estará menos lleno— sonreí y ella me devolvió la sonrisa mientras seguía comiendo.
El resto del desayuno transcurrió entre bromas, plática acerca de cómo se encontraban mis amigos; le pregunté cómo se encontraba ella y me aseguró que todo marchaba a la perfección; me apresuré a recoger la mesa y lavar los platos mientras ella se iba a su habitación, no sin antes agradecerme por la comida. Terminado todo me dirigí a la habitación a cepillarme los dientes y luego me recosté en la cama.
Aún no creía que a inicios de año pasaba en la piscina o en la playa con mis amigas, ya que vivimos en una ciudad costera que queda en la punta del país, y ahora...ahora nuestra única comunicación es a través del celular.
Hablando de celulares, empezó a sonar el mío.
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Pura Magia
Teen FictionCreo que es increíble como tu vida puede cambiar en tres años, para bien o para mal, muchas cosas han pasado desde la pandemia del covid 19, por cierto, me presento, soy Nerea Salazar, tengo 23 años y mi vida siempre ha sido algo aburrida hasta que...