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La larga y gruesa aguja atravesando su piel fue como un piquete sin importancia, las primeras veces era tan doloroso que creyó que iba a morir ya que en la punta contenían veneno, pero con el tiempo si cuerpo se acostumbró al abuso. La jeringa salió violentamente de su piel dejando un camino de sangre, el simplemente sonrió de lado.

— ¿Que es tan gracioso? — preguntó brusco el oficial frente a el.

— Que te quedes sin torturas nuevas — contestó burlón dejando ver esa sonrisa gatuna — Podrías ser más creativo, dejarme convulsionando como ayer no es nuevo.

— ¿Acaso quieres morir?.

— oh! Por favor, mátame! — soltó una risa más grande — pero si fuera tan fácil hace mucho que lo habrían hecho, pero me necesitan para darle un propósito a su patética vida.

El oficial se acercó hasta darle un puñetazo en la cara al chico, el menor sonrió con la cara volteada mirando al suelo. Al estar sus manos inmóviles no podía hacer nada con ellas, pero eso no le impidió proporcionarle al oficial un cabezazo. El oficial se quejo del dolor mientras el menor sangraba y reía.

— Trae a nueve! — ordenó a uno de sus oficiales asistentes.

La mención del nombre del menor borro las sonrisa de sus labios, acción que hizo al oficial sonreír mientras se sobaba la frente. El castaño forzageo intentado liberar sus manos en un inútil intento de liberarse.

— ¿Ya no ríes? — preguntó el oficial sonriendo.

— Bastardo.

Un chico bajo pelinegro, con labios en forma de corazón, delgado casi hasta los huesos era arrastrado por dos oficiales coreanos. El menor tenía ambas manos atrapadas en cemento, dos grilletes de bola de cadena en sus pies y sus ojos se encontraban cerrados.

— Nueve acaba de salir de su capacitación, se porto mal — el oficial principal se acercó tomando las manos enrojecidas del menor debido a la presión ejercida en ellas — sus nuevos juguetes son un castigo por portarse mal, ¿También quieres un nuevo juguete?.

El castaño junto ambos labios sin dar una respuesta, sabía que lo que diría no le gustaría al oficial y eso solo sería peor para nueve.

— ¿No contestas? — el hombre abofeteo a joven pelinegro inconsciente.

— No! — gritó el castaño tratando con desesperación liberarse.

— Debes saber que le pasa a nueve si haces algo.

El oficial ordenó a ambos oficiales coreanos que soltaran al menor, sin el menor cuidado el más bajo cayó al suelo. Acto seguido el hombre arremetió contra el menor con patadas, debido al la inconciencia el menor no emitía sonido alguno. El castaño desperado comenzó a gritar disculpas, se alejo tratando de liberar sus manos logrando lastimarse y manchando de sangre el caucho que apriciónaban sus manos.

— Señor, el chico no respira! — escucho gritar a uno de los oficiales.

Aquella información solo lo hizo entrar más en desesperación, su hermano estaba muriendo por culpa de sus comentarios idiotas, debió haberse quedado cayó mientras le sacaban los tres litros de sangre. Cosa que le estaba dando mareos, pero no iba a rendirse.

Vio a los doctores ingresar a su habitación y correr en dirección del menor, el pitido familiar al cual nunca se acostumbraba resonó por toda la habitación. En menos de cinco minutos el corazón del pelinegro volvió a ponerse en marcha, el no sabía si sentirse aliviado o maldecir el hecho que el menor debía seguir sufriendo.

Los oficiales junto a los doctores abandonaron la habitación, dejando al menor tirado junto frente a él sin poder hacer nada, solo pudo llorar al verlo ahí sin emitir sonido o movimiento alguno. Incluso morir era mejor que continuar ahí, cinco y doce habían tenido suerte pero no todos la tenían.

Ditans Guttura (EXO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora