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Fueron tres largos días de constante cuidado a su cachorro, apenas durmiendo por revisar su temperatura, noches enteras calmando su llanto, largas madrugadas cocinando ramen de formas ingeniosas para que fueran lo más nutritivas posibles porque era lo único que Naruto aceptaba comer y limpiando a fondo cada rincón de aquel pequeño, frío y cutre departamento donde residían, por no decir que también tuvo que curar sus heridas en cada oportunidad que tuvo.

Iruka suspiró, exhausto de tanto trabajo, comenzando a ver de una forma completamente distinta a las madres de las omegas de su clase, una cosa era tener celos y otra muy distinta era atender a un omega en celo, ahora sabía por qué tantos alfas se veían intimidados ante la mera idea de compartir un celo omega, la idea del sexo sin descanso les agradaba hasta que se daban cuenta que de hecho, no podían seguir el ritmo de dichas necesidades, y sobre todo que tendrían al ser más caprichoso y necesitado del mundo atrapado en una cama y estarían atados alrededor de su meñique como meros esclavos.

Por suerte, esta vez nadie arrojó nada a las ventanas del apartamento ni dejó cosas con olores desagradables en la puerta cómo hicieron en el primer celo de Naruto. Iruka se había molestado mucho entonces y había gritado por horas a los demás inquilinos del edificio y a cualquier transeúnte que frecuentara la calle, ahora parecían entender que no debían molestar a un cachorro omega durante su celo con su madre cerca, eso y probablemente los gritos de dolor de Naruto los asustaron lo suficiente como para mantenerlos al margen, los celos provocados por estrés, aunque cortos, son los más fuertes y dolorosos.

Ahora Iruka cocinaba tranquilamente su último desayuno antes de que el celo de Naruto terminara mientras éste por fin dormía plácidamente en su cama, el mayor salió a la ventana a dejar una bolsa de fruta fresca para sus compañeros chunin y jounin que sabía habían resguardado el pequeño apartamento durante esos tres días. No sabía si se debía a sus instintos alfa que los obligaban a cuidar de los omegas o si finalmente habían accedido a apoyarlo, pero lo agradecía con gusto, aunque no estuviera de acuerdo con sus preocupaciones en torno a su cachorro, Iruka podía aguantar una herida o dos tan fácil como el resto de ellos, los alfas a veces pueden ser demasiado sobreprotectores.

—Mamá —llamó desde el cuarto al fondo del apartamento la voz adormilada de Naruto.

Iruka fue de inmediato, llevando consigo un plato de ramen y un té de hierbas que dejó en el buró al lado de la cama para atender al omega que dormitaba hecho ovillo en medio de su nido.

—Buenos días, Naruto —saludó suavemente, sentándose al lado de la cama para acariciar los cabellos rubios del menor

—¿Ya se terminó? —murmuró Naruto, estirándose suavemente en la cama, girándose para enterrar su nariz en la glándula de la muñeca de Iruka, tallando suavemente su mejilla contra su mano, feliz de disfrutar el aroma cítrico de omega.

—Sí, ya todo terminó —Iruka recogió las cobijas de la cama para doblarlas en un extremo del nido, obligando a Naruto a enfrentarse a la luz solar que se colaba por la ventana—. Es hora de desayunar.

Naruto sonrió sin abrir los ojos, amando la sensación de ser cuidado mientras Iruka se inclinaba para dejar suaves besos en su mejilla.

—Arriba, hice tu ramen favorito.

Simplemente paraíso.

[...]

Iruka salió del apartamento casi hasta medio día para hacer las compras y claro que había al menos cuatro pares de ojos siguiéndolo desde los tejados.

Kurenai, Asuma, Gai y Kakashi caminaban tranquilamente a una distancia prudente de Iruka, observando como saludaba a todos con los que se topaba. Kurenai asintió con aprobación, observando que de momento nadie era grosero con Iruka, aunque era claro que los aldeanos marcaban más su distancia debido a la mezcla del aroma de Iruka con el de Naruto.

Omega peculiarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora