Separados

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Aquel día, Izuku y su madre se encontraban capturados junto a los demás rehenes en el banco. Shoto llego al lugar junto a otros héroes de la compañía de su padre para controlar la escena. Se decidió hacer un asalto rápido y preciso, sin dar oportunidad a que civiles resultaran heridos. Al inicio todo iba según lo planeado, lograron llegar a los rehenes y capturando a cada uno de los maleantes. Sin embargo, no contaba con aquella arma tan inusual, que, aunque logro esquivar, dejo inhabilitados a varios de sus compañeros. Casi acorralado, trato de pensar en una estrategia, su hielo le permitió resistir bastante, protegiendo tanto a los civiles, como a los otros héroes que aun peleaban, pero la batalla comenzó a durar más de lo planeado y su cuerpo comenzaba a enfriarse, así que debió usar su lado izquierdo para calentarse un poco, pero al no dominarlo lo hizo con torpeza, intercalando habilidades de forma intermitente e intentando que no se descontrolara y que dañara a quienes intentaba salvar. Sin embargo, debido a su respuesta cada vez más lenta, su guardia fue atravesada, y un rehén fue tomado.

Izuku fue separado de su madre quien sollozo con angustia. Ambos bandos se reagruparon manteniéndose en guardia. Shoto y los demás héroes detuvieron sus ataques tras la amenaza de que el pequeño resultara herido. Fue así que se intentó volver a las negociaciones. Shoto ofreció liberar a los villanos capturados y entregarse el mismo como rehén, a cambio de que les permitieran sacar a los demás civiles, menciono además ser hijo de Endeavor y que eso les sería mucho más útil para obtener lo que quisieran. Tras unos segundos llenos de tensión, los villanos aceptaron la propuesta y uno a uno los villanos y rehenes comenzaban a ser intercambiados, sin embargo, cuando llego el turno de la madre de Izuku esta se detuvo antes de llegar al área de resguardo, rogando porque liberaran a su hijo, cuya libertad no había sido acordada. Rogo que la tomaran a ella de rehén a cambio, acercándose demasiado al borde de la guardia de hielo, alterando a los villanos y al propio Shoto. Izuku grito que se detuviera, removiéndose y alterando al sujeto que lo tenía y distrayendo por instantes a los demás maleantes. En ese momento uno de los héroes creyó encontrar la oportunidad y actuó para intentar rescatar a al menor pero provocando que todo volviera a salirse de control.  Fueron solo unos cuantos segados de caos, pero Shoto debía ser rápido, debía atacar y proteger, ambos a la vez, con precisión, sin espacio a error, ¿Hielo o fuego? ¿defensa o ataque?, un instante de duda, milisegundos que se pagarían caro. Eligió el hielo, pero no fue suficiente. Todo paso tan rápido.

Al final de ese fatídico día, se reportó que aquel incidente con rehenes en el banco de la ciudad de Alderah, concluyo con la huida de varios villanos junto con dos rehenes, un civil y un héroe, cuatro villanos capturados, el decomiso de una nueva y extraña droga usada para inhibir los dones de varios héroes, seis civiles heridos, un civil fallecido.

Inko Midoriya, amorosa madre y esposa.

Nunca podrá perdonarse por eso, pudo haber hecho más, pero titubeo. Si tan solo hubiese podido usar todo su poder, si no hubiera sido tan necio e infantil. Tirando tantos años a la basura, desperdiciándolos en un berrinche. Egocéntrico e hipócrita, no era diferente a su padre.

Era por ello que la amabilidad del pequeño era tan dolorosa. Sentía que no merecía tener el aprecio de alguien como el. Porque si, lo había notado, el chico lejos de culparlo por su pérdida o sentir algún rencor, de verdad le mostraba mucho estima. Lo admiraba con tal devoción que incluso Fuyumi le había mencionado en broma, durante la charla que tuvieron para detener la manía de Shoto de comprarle regalos al menor, que si lo que quería era ganarse el cariño de Izuku, no era necesario, pues este ya parecía estar enamorado de él. Y aunque Shoto no supo muy bien cómo interpretar esas palabras. Solo podía entender que se había vuelto alguien muy importante para el chico, pero no podía permitirse sentirse feliz por eso. Él no lo merecía.

"Yo no soy nadie a quien admirar. Solo estoy siendo egoísta de nuevo, intentando darte todo lo que tengo, porque fui yo quien te arrebaté todo lo que amabas.

¿Por qué no me odias? 

Ni una vez me has mirado con rencor, o... si lo haz...

¿Qué es esta necesidad que tengo de sentir tu desprecio? Me siento contradictorio, desesperado por recibir tu desprecio, pero a la vez aterrado.  

Por favor Izuku, di que me odias al menos una vez, cúlpame, grítame, reclámame por ser una farsa, uno de esos mentirosos que se hacen llamar héroes, alguien que no pudo protegerte ni a ti, ni a tu querida madre.

No me sonrías tan dulcemente."

- Señor Shoto, ¿se encuentra bien? – pregunto el pequeño, sacándolo de sus pensamientos.

Aquellos hermosos ojos esmeralda miraban con preocupación genuina al mayor. Pues últimamente Shoto había estado regresando muy tarde de la agencia y se le veía más cansado que de costumbre. Incluso se había quedado mirando a la nada sin probar su comida desde hace un buen rato.

- Mnh... claro, estoy bien. – respondió con tratando de mostrar una suave sonrisa – solo me perdí un poco en mis pensamientos – explico tranquilamente, intentado disimular el desastre en su cabeza.

- Oh, ya veo – acepto el chico sin estar realmente convencido – bueno... si usted quiere, puedo prepararle otra cosa, ¡algo que le guste! – le ofreció con ánimo.

- ¿Ah?...

- ¡Ya se! La señorita Fuyumi me trajo algo de Gyudon en la tarde. Dijo... que a usted le gusta mucho. ¡Puedo calentarlo! –  el menor se levantaba rápidamente.

Y ahí estaba de nuevo, haciéndolo preocuparse innecesariamente, pensó el mayor nuevamente decepcionado de si mismo. - ¡NO! – se apresuró a decir sin medir el tono de su voz.

Izuku paro en seco, mirándolo confundido. Todoroki notando su error, aclaro su garganta.

- No tienes que hacer eso. De verdad me gusta mucho tu comida, Izuku. Gracias.

Hablo suavemente y de nuevo le sonrió, esta vez, intentando ser lo más convincente que podía. Y pensó lograrlo, pues en seguida el pequeño le devolvió el gesto con aquel tierno sonrojo en sus mejillas y regreso a su asiento.

- ¡Está bien! Si quiere mas... puede servirle.

- Si, muchas gracias. 

...

"Debo parar estos pensamientos innecesarios, que no me llevaran a nada, porque al final no importa realmente lo que yo quiera. Si creo merecer o no tu afecto, no importa. Solo importa lo que tú quieras.

Si hay algo que pueda hacer para hacerte feliz, lo hare". 

Mi héroeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora