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Drew Thomas y Andrea Perron se encontraban en una de las habitaciones de la planta alta

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Drew Thomas y Andrea Perron se encontraban en una de las habitaciones de la planta alta. Drew, siempre paciente, intentaba distraerla un poco explicándole el funcionamiento de uno de los aparatos de inspección.

—Pon la mano en el escritorio —le indicó Drew. Andrea hizo lo que le pedía, apoyando la palma sobre la madera gastada—. Ahora retírala.

Andrea retiró la mano y Drew colocó la lámpara de luz ultravioleta justo encima del lugar.

—Colócala aquí —dijo Drew mientras encendía el dispositivo. Al instante, la marca fosforescente del calor de la mano de Andrea se reveló sobre la superficie—. ¿Ves? Nos revela lo que no podemos ver a simple vista. Impresionante, ¿no?

—Sí, es verdad —respondió Andrea, dedicándole una sonrisa sincera a Drew, quien le devolvió el gesto con amabilidad.

En ese momento, la puerta se abrió e ingresaron Ed y Caroline.

—¿La Bolex ya está lista para Brad? —preguntó Ed, entrando al cuarto con paso decidido.

Al notar la presencia de los Warren, Andrea prefirió retirarse en silencio. Caroline, que se había quedado parada junto al marco de la puerta, observó la escena entre Drew y Andrea sintiendo una punzada incómoda de celos que intentó disimular cruzándose de brazos

—Sí, ya está cargada y lista —respondió Drew, acomodando el equipo.

De repente, un chasquido metálico rompió la calma: una de las diminutas campanas atadas a la perilla de la puerta a sus espaldas resonó de forma estridente. El aire pareció congelarse por un segundo.

—Carol, ven —exclamó Drew de inmediato. Estiró su mano hacia ella sin dudarlo.

Caroline le tomó la mano rápidamente y Drew la jalo con firmeza hacia él, colocándola protectoramente a sus espaldas mientras fijaba la mirada en la puerta.

La puerta se abrió despacio... y de ahí salió el oficial Brad.

—¿Qué? Tenía que ir al baño —se justificó Brad, alzando las manos.

La tensión se disipó al instante. Caroline se soltó a reír aliviada, apoyando la cabeza en el hombro de Drew mientras se recuperaba del susto. Ed, que había presenciado todo el movimiento reflexivo de Drew para proteger a su hija, miró a los dos jóvenes entrelazando las manos y muy juntos. Aunque no dijo nada para no romper el momento, una sutil sonrisa de aprobación se dibujó en su rostro.

































Más tarde esa misma noche, la tranquilidad reinaba de manera casi sospechosa en la casa. Ed y Drew se encontraban en la estación de monitoreo central, escuchando los auriculares conectados a los micrófonos distribuidos por las habitaciones, pero solo se escuchaba la interferencia estática del ambiente.

Ed se retiró los audífonos un momento y volteó a mirar hacia un costado del escritorio. Sentada en una silla junto a Drew, estaba Caroline. Se había quedado profundamente dormida, apoyando la cabeza con suavidad sobre el hombro de Drew y con los ojos cerrados. A pesar del cansancio y la penumbra del lugar, sus dedos continuaban entrelazados firmemente con los de Drew.

Ed observó en silencio cómo Drew giraba la cabeza despacio para mirar a Caroline. En el rostro del joven asistente se dibujó una sonrisa cálida, honesta y llena de ternura, cuidando de no hacer ningún movimiento brusco para no despertarla.

Ed los contemplo por unos segundos antes de volver a su trabajo, sabiendo que, en medio de la oscuridad que enfrentaban, Caroline había encontrado a alguien en quien confiar plenamente.


















—Todas las habitaciones se oyen bien —reportó Drew, reajustándose los audífonos de monitoreo.

—Sí —asintió Ed, enfocado en calibrar los niveles de audio.

Repentinamente, un chasquido metálico rompió la calma del pasillo, seguido por el chirrido de una puerta al ceder.

—Yo no fui —se apresuró a decir el oficial Brad, alzando las manos para mostrar que no estaba cerca del marco.

Todos se asomaron con cautela. Era la puerta del sótano la que se abría lentamente por sí sola, haciendo sonar con fuerza la campanilla atada a la perilla. Al mismo tiempo, el destello del flash de una cámara automática disparó una fotografía en medio de la penumbra.

—Trae la cámara —ordenó Ed de inmediato.














Los Warren y el oficial Brad se prepararon para descender al sótano, desde donde provenía la anomalía. Brad sostenía la cámara de video cargada al hombro para documentarlo todo.

—Son las 9:18 de la noche y vamos al sótano, en donde las puertas se abrieron solas —explicó Ed mirando fijamente hacia el lente de la cámara—. Lorraine, Caroline y el oficial Brad Hamilton me acompañan. No vamos a encender la luz.

Uno a uno comenzaron a bajar los desgastados peldaños de madera. Ed iba al frente iluminando con la linterna; detrás avanzaba Caroline con paso cauteloso; Lorraine seguía a su hija muy de cerca, y por último descendía el oficial Brad, registrando cada rincón.

—Danos una señal de que quieres comunicarte —solicitó Ed, extendiendo el micrófono direccional hacia las esquinas oscuras, pero solo recibió silencio—. ¿Están bien? —preguntó preocupado, volviéndose hacia su esposa e hija.

—Definitivamente hay algo aquí... —respondió Lorraine, llevándose una mano a la sien, aturdida por la densa carga espiritual del ambiente.

Caroline apretó las pestañas con fuerza. El aire a su alrededor se volvió helado y de nuevo los susurros agresivos comenzaron a retumbar directamente dentro de su cabeza:

¡Largo de mi propiedad!
¡¡Fuera!!

—Cierra la puerta. Mueve algo —exigió Ed al vacío, esparciendo gotas de agua bendita hacia las sombras.

—¡Auch! —se quejó Caroline de golpe, llevando una mano a su hombro izquierdo al sentir una punzada ardiente e intensa.

—¿ Qué pasó? —inquirió Ed, girando la linterna bruscamente hacia ella. Pero la presencia pareció desvanecerse tan rápido como actuó.

—Se fue... —susurró Lorraine, sintiendo cómo la presión disminuía.

Sin más manifestaciones en el lugar, no les quedó de otra que subir las escaleras de vuelta.

—Como les dije, no siempre funciona cuando uno quiere —explicó Ed a Carolyn y Roger, quienes los esperaban angustiados en el pasillo—. Quizás la cámara logró captar algo...

Carolyn hizo un sonido de afirmación, tratando de asimilar la situación, pero en ese instante la puerta del sótano volvió a sacudirse violentamente.

—¡Cuidado! —gritó Ed, empujando a Carolyn hacia un lado justo a tiempo antes de que la puerta se azota de golpe con una fuerza brutal.

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⏰ Última actualización: Aug 21 ⏰

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el conjuro(Caroline Warren)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora