Epílogo

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Mi turno había empezado, está semana me tocó estar en pediatría y había Sido muy divertido.

Siempre hacían dinámicas para los niños o se vestían de superhéroes o princesas.

—Hola, Mary — saludo a una de las enfermedad encargadas.

—Hola, Mar.

Me acomodó el cabello que estaba siendo tapado por la bata blanca.

Mi vista para por todos lados, habían muchos globos.

—¿Qué celebramos hoy? — pregunto.

—Nada, pero ya sabes que siempre nos gusta hacer dinámicas — contesta la mayor.

Le sonrió y tomo los formularios que me tocan.

—Ustedes son increíbles — comento.

Me alejo y me dirigo a ver a uno de mis niños favoritos.

George...

Tiene diez años y ha perdido el pie derecho por un accidente, cuál niño de su edad estaría triste, pero él no mostraba debilidad, no le parecía el final del mundo, siempre nos recibía a todos con una sonrisa y él me provocaba que mis ánimos subieran siempre.

Tocó la puerta y ingreso.

—Hola, George — lo saludo.

Este me sonríe.

—¿Cómo estamos el día de hoy? — pregunto.

—Mejor que nunca.

Su habitación también estaba llena de globos.

Me acerco a él y estoy colocándome mi fonendoscopio para revisar sus signos vitales cuando sientoque alguien toca mi espalda.

Me giró asustada y veo a Roier...

—¡Por Dios! — menciono.

Él chico está frente a mi con una sonrisa y un ramo de flores tejidas.

—Mar, hoy trece de Junio, yo Sebastián quiero preguntarte a ti, Mariana Díaz, ¿Puedes darle el gran honor a este chico de ser tu novio?

—Diga que si doctora — escucho a George y no puedo evitar reír.

—Tapate los ojos, George — pido.

El niño lo hace y me acercó rápidamente a Roier para besarlo.

—¿Es un si? — pregunta el castaño con una sonrisa.

—Claro que si, tonto — murmuró lo último.

Este me entrega el ramo y lo observo con una sonrisa.

—No iba a cometer el mismo error dos veces — musita el chico y rio — No son verdaderas, pero algún momento tenía que darte las flores que te mereces.

Lo miro con una sonrisa y lo abrazo de lado mirando a George.

—Gracias por la ayuda, amigo — menciona Roier para el pequeño.

—De nada.

—¿Te involucraste? — le pregunto al menor.

—Usted no me dijo que su novio era ese Roier, siempre supo cuánto lo admiró — menciona George.

—Es cierto, es mi culpa.

Roier era mío y yo era suya.

En cada pensamiento, en cada noche y suspiro, solo seremos el uno para el otro sin un final...

Chica Ordinaria || RoierHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora