El secreto del faro

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—Se hace tarde —gritó Edmond desde el carro.

—Un segundo cariño — Amanda se despedía de su madre en la puerta de la casa.

Edmond cerró la puerta de su lado del coche. Amanda tomó su pequeña maleta del suelo y subió del lado del copiloto. La madre de Amanda la despidió desde el umbral, con la mano.

Edmond comenzó el recorrido por las calles de la ciudad, pasando por las colonias cercanas al aeropuerto, a la terminal de autobuses dónde Amanda trabajaba en la tienda de regalos. Dió vuelta para tomar la carretera a la playa.

Después de un largo año en la fábrica, trabajando como obrero con un pago mínimo y horas extras, haciendo los menores gastos y ahorrando lo más que podían entre los dos. Era tiempo de unas merecidas vacaciones, después de planear por un mes y de decidir el destino, Amanda comenzó a empacar lo necesario, poco a poco.

Teniendo en cuenta la mejor época del año, en la que hiciera un buen clima y no estuvieran las playas atestadas de viajeros. Decidieron la fecha, y buscaron un lugar en renta. El separar cuartos de hotel y comer en el mismo, era más costoso que alquilar una pequeña casa a la orilla del mar.

Un amigo de Edmond le propuso que rentaran su propiedad, era una casa pequeña de dos plantas; dos habitaciones en la parte alta, con balcón en la principal. Sala, comedor, cocina y cuarto de lavado en la planta baja. El precio no se salía de su presupuesto y su amigo les dió las llaves.

Amanda y Edmond pararon a la mitad de camino para tomar algunas fotos de las vistas de una hermosa cascada. El puente de madera frente a la caída impetuosa de agua y el viento en el cabello y vestido de Amanda, dieron resultado a fotos memorables.

A Edmond era un amante de la fotografía, y Amanda era una de sus modelos favoritas y la única persona a la que fotografiaba. La mayoría de sus proyectos eran de escarabajos, anfibios, musgo, y un sin fin de paisajes.

Tras un breve descanso y un merecido almuerzo de emparedados de jamón con queso y tocino, agua de frutas y una porción de pay de manzana, regresaron a la carretera. El fresco olor de tierra mojada los acompaño por un breve recorrido.

.....

— Fácil, Ed, llegas a la costa por la carretera 235, das vuelta a la izquierda y continuas —explicó Julio su compañero de trabajo. — cuando veas el faro a la derecha estarás a cinco minutos de llegar a mi humilde morada.

— Bien, en serio te agradezco tanto.

Julio le dió las llaves.

.....

— Mira amor, ya estamos más cerca —dijo Edmond a una Amanda soñolienta, que recargaba su cabeza en el cristal de la ventanilla.

— ¿Sí? Ya puedo saborear la sal en el aire —dijo Amanda despertando.

Las olas se veían a lo lejos, el aire cálido con sabor a sal y ls chillidos de las gaviotas anunciaban la bienvenida a su escape de la cotidianidad de una vida acelerada y rutinaria.

Edmond dió vuelta a la izquierda rápidamente y acelero un poco.

— ¡Tranquilo! Llegaremos antes de la cena — rió nerviosa Amanda.

— Lo sé, pero la puesta del sol en lo alto del faro debe ser increíble. ¿No crees? — dijo Ed, con un tono juguetón y ansioso.

Amanda bajó el cristal de su lado y el viento comenzó a mover su cabello rubio, los largos mechones se comenzaron a enredar y la joven tomo un pasador para hacerse una coleta, reuniendo todo el cabello y no se maltratara.

— Siempre me ha gustado ver tu cabello suelto —dijo Ed, observando dónde poder estacionar el auto.

— Lo sé, por eso no lo he cortado en los 5 años que llevamos juntos — Sonrió Amanda y terminó de recoger su cabello.

El coche se estacionó y ambos bajaron dejando todo en el interior. Amanda tomó su sombrero de ala ancha para taparse del sol y Edmond sus gafas oscuras y unas llaves que saca de su maleta.

— Vamos cariño —gritó Amanda desde la puerta del faro.

— Espera, en un segundo estoy contigo.

.....

— No hay nadie a cinco kilómetros a la redonda del faro así que tendrán paz absoluta. Y por si quieren bebidas, gasolina o hacer una llamada; la estación está a veinte minutos, por la carretera 235. Es ideal para que una pareja pase un fin de semana a solas —comentó Julio giñando un ojo al final y su sonrisa de lado.

.....

— ¡Qué fortuna! — Edmond sonrió de lado y cerró la puerta del auto.

Caminó hasta el faro y entra después de Amanda, cierra la puerta y comienzaron a subir las escaleras.

.....


— Pero hay una advertencia, querido amigo — Julio cambió su semblante.

Los ojos de Julio se tornaron serios y se reflejo en su voz pausada. Su sonrisa de desvaneció y su respiración se hizo lenta.

— Nunca, pero nunca vayan al faro — dijo Julio pálido, casi en un susurro. — la construcción es vieja y no tiene mantenimiento, así que podría derrumbarse en cualquier momento.

.....

La noche es clara, la luna llena brilla con toda su majestuosidad, las estrellas  se veían claramente y las olas tranquilas humedecian la playa. Edmond está sentado enfrente de la casa de Julio, con los pies descalzos sobre la arena y una lata vacia de cerveza a un lado, una lata más en su mano.

La agua salada moja los pies de Ed. El joven toma una rama seca que tenía a su costado y escribe en la arena, al terminar mira al cielo, toma su cerveza hasta el fondo y se recuesta en la arena.

La luna ilumina la arena mientras las suaves olas borran poco a poco lo que escribió Edmond

"Amy te extrañaré"...

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