El último deseo

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Si te dijeran "¿Cuál sería tu último deseo?" ¿Que pedirías? Si supieras que se va a cumplir al pie de la letra. ¿Escogerías algo para tí? Talvez una bolsa de marca, nueva y de última moda.

¿Escogerías algo que pudieras compartir? ¿Que tal un paseo con una persona amada por la playa? O aún mejor, la paz mundial ¿Lo harías? ¿Lo pedirías?

Yo tampoco sabría por dónde comenzar. Cuando era niña, deseaba tanto una figura de Hello Kitty. La gatita blanca de gran cabeza era mi adoración, la veía por todas partes, pero sabía que los artículos con su imagen eran más costosos. Mamá siempre me decía: "Te compraré uno cuando seamos ricos", hablando de cualquier cosa.

Podría ser un helado, un pan, un muñeco con carreola o un vestido de brillitos. No la culpo, ahora que soy adulta y que sé lo que cuesta ganarse la vida, entiendo aún más esas palabras.

En fin, si la niña que fui hubiera tenido lo que quería, la adolescente hubiera tenido más ilusiones, más anhelos y más entusiasmo por hacer mejor las cosas. ¿Y si fuera lo contrario? Si, por tener lo que la niña quería, la adolescente se volviera malcriada y no valorara las cosas que se le dan.

Cuando era niña, también quería que los niños de África tuvieran mejores condiciones de vida. Pero sabía que eso no se lograba solo con desearlo. "A veces se puede y otras no", dijo alguien alguna vez en algún lugar.

Otras veces deseaba no ir a la escuela, quedarme en casa y dormir, dormir y seguir durmiendo, todo el día. ¿Por qué? Yo no era una niña perezosa, me encantaba correr, brincar y caminar.

Solo que los sueños en la noche eran muy extraños. Desde mi ventana podía ver un enorme gorila del que tenía que esconderme. Mi mamá aún recuerda cuando le platiqué uno de estos sueños. "Decías que en la ventana había un señor con una nariz enorme que te veía en la oscuridad", cuenta.

Pero si la pequeña no hubiera ido a la escuela un día, se hubiera perdido la clase donde explicaron las divisiones, o las capitales de México. Para el caso da lo mismo, el tema es que un día es una pequeña cosa y el día del examen te vale 4 puntos.

También mi yo de adolescente tenía muchos deseos, aunque ella se los guardaba mejor. Eso y todo, el silencio era más común, pero en mi cabeza había más de una voz pidiendo ser escuchada. Cada una diferente que la otra.

Una noche, recostada en la cama, sin poder dormir como siempre, aunque hacía ejercicio y me levantaba temprano, no conciliaba el sueño. Trataba de no poner atención a las voces y sin querer llegué a contar más de cinco, seis, siete, creo que después de la séptima ya no las diferenciaba o al decir lo mismo, quizás se sobreponía una a la otra.

**- Lo hiciste otra vez.

- Mala, eres mala.

- Ten cuidado.

- No hagas eso o se espantará.**

Todas hablando al mismo tiempo. Quería gritar "cállense", pero sabía que no había a nadie a quién gritarle.

Talvez esa chica de 13 años, hubiera podido dormir mejor si las voces no fueran tantas, tan sonoras o quizá si no fueran diferentes.

- ¿Estás dormida? -preguntaba mi hermana a las 10:30 pm.

Pero si durmiera temprano no hubiera platicado con su hermana, no hubieran creado ese vínculo y quizás su hermana no hubiera hablado de nada de lo que se platicaban esos días, con nadie. ¿Cómo podríamos saber?

O quizás cuando deseaba que a la familia le fuera mejor, papá se quedó sin trabajo y la joven yo, trabajaba en lo que podía para llevar algunos pesos a casa.

- ¡Ahh, otra vez $50! -decia desanimada-. Últimamente es lo que obtengo y en otras ocasiones había sido más -suspiraba sin ganas.

Caminaba a la calle para tomar el camión. Al llegar a casa le daba a Mamá todo y esperaba que al menos alcanzara.

Las demás adolescentes, no generalizo, pero la mayoría, creo yo, deseaban un disco nuevo de algún artista, maquillaje o ropa. La adolescente de 15 años deseaba lápices de colores y papel.

- Dibuja igual que su padre -decían algunos familiares.

Pero yo sabía que también mi mamá dibujaba. En fin, no importaba de quién lo heredé, ambos eran buenos. Y era algo que me hacía sentir cerca de mi padre, pero creo que él no le prestaba atención, como yo esperaba.

Pero si hubiera tenido los instrumentos de dibujo, ¿los habría aprovechado? Después de entrar a la preparatoria ya no tenía mucho tiempo y mis pasatiempos fueron otros.

Con los años, dejé de desear cosas para mí, y lo que necesitaba para mi vida cotidiana lo compraba con mi salario. Y ahora, mis deseos se convirtieron en los de mis hijos. Y yo solo deseo que estén bien, que sean mayores y hagan su camino.

Dejar de desear no es tan malo, ni va a pasar nada por no hacerlo. Simplemente me conformo con lo que tengo y planifico lo que necesito tener y lo que necesito cambiar. Tampoco es que yo tenga todo lo que deseo, solo no hay un porqué desear.

Así que sí, deseo hoy terminar de escribir. ¿Qué? ¿Las voces? ¿Te dio curiosidad, verdad? He aprendido a vivir con ellas, unos días están y otros no tanto, hubo algunos años en los que no las oía o no les puse atención. Y no, no me pedían que hiciera nada.

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