Minerva McGonagall
Curioso sería la primera palabra que podría decir. Sus ojos recorrieron a ambos jóvenes frente a sus ojos. El primero era bajito, realmente bajito. Poseía un rostro cincelado, envuelto en una piel ebúrnea y mirada cerúlea coronado por una cabellera de hebras platinadas. Una perfecta y homogénea mezcla entre el oro y la plata. Minerva solo pudo imaginarse el hermoso brillo que tendría a la luz directa del sol.
El otro muchacho era notablemente más alto, incluso diría que demasiado para su edad. poseía una presencia de una elegancia severa: su rostro de rasgos angulosos y piel alabastrina contrastaba con la profundidad de sus ojos azabaches y su cabello, oscuro y denso como la obsidiana. Ambos la miraban con atención, como si esperaran a que ella diera el primer paso.
Decidió complacerlos, carraspeando levemente. Ambos parecían notar sus intenciones, pero la reacción fue opuesta entre los dos. Era obvio que el más pequeño es quien más la analizaba, su mirada la recorrió con sospecha y el brillo curioso no había desaparecido aún. Sí, curioso era la palabra ideal.
-—Mi nombre es Minerva McGonagall, pero supongo que eso ya lo saben.
Exclamó con voz Sibilina, mirando a ambos jóvenes asentir, ella imitó la acción.
—Bien, como la carta especificó vengo a explicar a los dos lo que significa que ambos sean capaces de usar magia.
Dijo en pausas, deteniéndose por breves segundos, mirando como el más grande de los dos parecía desviar levemente su atención a algo más.
—El mundo mágico es completamente opuesto al mundo Muggle... No mágico. Ambos tienen la capacidad de usar la magia y deben aprender a controlarla, dominarla y perfeccionarla. Precisamente por eso fueron aceptados en Howarts, donde serán instruidos en su uso y aprenderán a adaptarse al mundo mágico.
Explicó con solemnidad, tomando su varita con suavidad debajo de las mangas de su túnica. Fue más que nada una acción leve, pero no pasó por alto la leve tensión en el cuerpo del rubio más pequeño.
—¿Qué implica no asistir?
Cuestionó quién, según se le informó, se llamaba Uzumaki Naruto. Un nombre extraño para alguien británico, pero supuso que él no lo era. su dialecto lo delató, sus rasgos por otro lado eran únicos, ¿Cómo terminó en un orfanato ingles?
—Nada, pero ambos corren el riesgo de desarrollar un Obscurus. Véanlo como un parásito, uno demasiado destructivo y oscuro. Si ustedes no logran aprender a usar la magia adecuadamente pueden acabar con ustedes mismos y todos a su alrededor.
Advirtió con voz mortuoria, pero lejos de la expresión de sorpresa o terror que esperaría el pequeño rubio parecía todavía más interesado. El más joven miró a su compañero azabache de reojo, dándole un para nada disimulado codazo en el costado. Levantó una ceja al ver eso, pero quien supuso era Sasuke Uchiha no reaccionó molesto por eso. De hecho regresó su atención a la conversación.
—No sé si lo ha notado, profesora Minerva, pero ambos somos huérfanos. Cualquier tipo de material o cuota de entrada que nos pidan nos sería imposible de pagar.
Dijo el rubio con una sonrisa, al menos el intento de una, era más una mueca.
—Ese no será un problema, se los aseguro. La escuela tiene un programa de ayuda para aquellos en su situación. Tenemos un fondo destinado a ambos con el que podrán disponer de todo el material requerido.
