_Capitulo 21 _

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Querido diario...
Quería reencontrarme con Draco, pero no fue posible. Intentaba hacer contacto visual para decirle algo, pero sabía que me ignoraba a propósito. Ya no sabía qué hacer… hasta que recordé que era prefecto y que hacía guardias, igual que Ron. Decidí encontrarme con él esa noche sin que nadie lo supiera. Le dije a Mía y a Mathieu que estaría en la biblioteca y que volvería tarde.

Caminaba nerviosa por los oscuros pasillos. Además, había ocurrido un extraño ataque: Katie Bell, una chica del equipo de Harry, había resultado herida. Mía se lamentaba mucho, diciendo que el equipo estaba perfectamente equilibrado y que si faltaba alguien sería una lástima. La reprendí un poco; lo más importante no era que Katie no pudiera jugar, sino que había corrido un grave peligro… y había tenido suerte de salir ilesa.

Seguí los pasillos por donde normalmente Ron hacía sus guardias. Estaba demasiado nerviosa; claramente no quería encontrarme con él, porque no sabía si hoy le tocaba vigilar. No le pregunté antes, porque la idea se me ocurrió demasiado tarde y ya nos habíamos despedido.

Entonces lo vi a lo lejos: una cabellera rubia que caminaba apresuradamente. Al instante reconocí a Draco. Me apresuré a seguirlo, sin poder gritar porque alguien podía escucharme. Se dirigía al baño de los chicos, un lugar que casi nadie usaba porque a veces aparecía Myrtle. Corrí para llegar antes que él, pero no pude; así que entré, deteniéndome al instante cuando escuché su voz y la de Myrtle.

—Hola, ¿cómo estás? ¡Estaba esperándote! —dijo ella, con entusiasmo.
—Hola… —respondió él en voz baja.

Me quedé paralizada. ¿Había venido a encontrarse con ella… o era una coincidencia? Decidí quedarme escondida.

—Veo que te encuentras mejor. La última vez que viniste, estabas entrando en pánico —dijo ella con calma.
¿“La última vez”? Entonces esto era recurrente… todo me parecía muy extraño.

—…No sé qué hacer… Myrtle… —su voz era baja y temblorosa, casi un susurro.
—Ya, ya… todo va a estar bien —intentó animarlo.
—…Debo cumplir —continuó, con la voz quebrada—. Debo seguir con esto, Myrtle.
—¿Pero por qué? ¿No puede hacerlo otro? —preguntó ella, preocupada.
—…Solo… solo yo… debo —decía entrecortadamente, como si le faltara el aire—. Debo…

—Ya, ya —lo calmó ella, para que no siguiera hablando y se agotara—. Respira un poco, Draco. Te escucharé toda la noche si quieres…

¿Por qué estaba así? ¿Qué lo tenía tan mortificado? Me sentía triste viéndolo así; Draco siempre había sido fuerte y firme.

—…Mi padre… —murmuraba, todavía jadeando, sentado en el suelo del baño con la cara enterrada en las rodillas—. Esto depende de mí… no quiero… no quiero hacerlo…

 Esto depende de mí… no quiero… no quiero hacerlo…

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Ya no pude aguantar más y lentamente me acerqué.
—…Draco… —susurré.

Él levantó la cabeza de golpe, visiblemente sorprendido, mientras Myrtle, furiosa, exclamó:
—¿Qué haces aquí?

Querido Diario.....Ron Weasley Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora