_Capitulo 22_

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Querido diario....
Llevaba días buscando la oportunidad de encontrarme con Draco, pero parecía haberse tragado la tierra. Antes, incluso cuando él evitaba a todo el mundo, siempre lograba verlo en los pasillos o durante las rondas, pero aquella semana era como si se esfumara justo cuando yo aparecía. Empecé a preocuparme más de lo normal; Draco nunca había sido alguien fácil de encontrar, pero tampoco solía desaparecer al punto de hacerme sentir que tal vez me estaba evitando.

Una tarde, mientras regresaba con Ron del Gran Comedor, decidí que necesitaba información. No podía seguir caminando por los pasillos con la esperanza de toparme con él por casualidad. Si quería verlo, tenía que saber dónde estarían los prefectos de Slytherin esa semana.
Tenía que hacerlo con cuidado… Ron sospechaba de mis preguntas raras cuando se trataba de Slytherin.

Aproveché un momento en que él estaba tranquilo, comiéndose una galleta, sin prestar demasiada atención.

—Ron —comencé tratando de sonar casual, aunque sentí un ligero nudo en la garganta—. ¿Ustedes ya organizaron las rondas de prefectos de esta semana?

Él levantó la vista con una miga en la ceja.

—Sí, creo que Hermione terminó el horario anoche. ¿Por qué?

—Eh… solo curiosidad —mentí, clavando la mirada en mi mochila—. Me preguntaba cómo se iban a distribuir.

Ron, sin darle demasiada importancia, empezó a explicarme mientras caminábamos por el corredor del tercer piso.

—Bueno, los de Hufflepuff estarán patrullando cerca de la sala de Trofeos. A los Ravenclaw les toca el ala este, el pasillo largo antes de la biblioteca. Y los de Slytherin… —frunció un poco la nariz— estarán en los pasillos cerca de las mazmorras y el corredor que conecta con el aula de Pociones. Creo que Zabini y Astoria se encargarán de la mayoría de las rondas, porque Malfoy… bueno, Malfoy siempre termina desapareciendo por ahí.

Mi corazón dio un pequeño salto.
Ese era mi lugar.
Si Draco rondaba esa zona —o al menos se refugiaba allí— era cuestión de buscar bien.

—Ah, ya veo —respondí intentando que mi voz sonara indiferente.

Ron entrecerró los ojos, claramente sospechando.

—¿Y tú para qué querías saber eso? —preguntó, deteniéndose frente a mí—. No eres prefecta ni nada. ¿Tiene que ver con algo? ¿O alguien?

Sentí la sangre subir a mis mejillas; no podía decirle la verdad.
No podía decirle que andaba buscando a Draco Malfoy como si… como si lo necesitara.
Como si me importara más de lo que debía.

Respiré hondo y solté la mentira más convincente que pude improvisar:

—Mía me preguntó —dije rápidamente—. Quería saber cómo funcionaban las rondas esta semana para evitar a Thomas y Lucas cuando se ponen… bueno, intensos.

Ron soltó una carcajada, relajándose al instante.

—Tiene sentido —admitió—. Esos dos a veces parecen hipogrifos sin domar. Dile a Mía que Ravenclaw tiene los pasillos tranquilos esta semana. Si no quiere encontrárselos, que vaya por ahí.

—Sí, se lo diré —respondí, aunque apenas lo escuchaba.

Mi mente ya estaba en otro sitio.
En las mazmorras.
En los pasillos oscuros donde solo los pasos de los prefectos resonaban a medianoche.
En la expresión cansada que Draco llevaba últimamente…
Y en la sensación incómoda en mi pecho que me decía que algo no estaba bien con él.

Me ajusté la bufanda, respiré hondo y asentí para mí misma mientras Ron seguía charlando sobre un chiste que había hecho Seamus.

Ya sabía a dónde tenía que ir.
Y esta vez, sí o sí, iba a encontrarlo.

Querido Diario.....Ron Weasley Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora