Jisung se sentó en las escaleras del pórtico de la gran cabaña donde se hospedaba, miro hacia la cabaña que estaba a metros de la suya, notando a varios niños salir de esta, sin embargo, ninguno era su niño.
Suspiro algo decaído, pues cierto chico de ojos gatunos no había aparecido desde hace dos años.
—¿Que es ese suspiro? —La señora Han se sentó junto a su hijo, viendo la mirada de este en la cabaña de al lado — Ah, ya veo...
—¿Qué cosa? —Miro a su madre quien solo sonrió.
—Extrañas al gatito —Rio su madre suavemente —Yo no creí que su amistad durara tanto, ahora entiendo que realmente te encariñaste.
—Nos conocemos desde el 2012 mamá, y aunque nos vemos menos de dos semanas al año puedo decir que lo extraño...
—Es entendible cariño, ese niño y tú se hicieron muy unidos, así que no te sientas mal ¿Bien? Esperemos que el próximo año lo veas... Ahora vamos a dentro, veremos una película antes de ir a dormir.
—Bien.
Jisung observo a su madre entrar a la chañaba, miro al frente de nuevo, viendo como empezaban a caer nieve, una dulce noche nevada.
—¿Hasta la próxima? —Murmuro al aire.
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Minho, desde el pateo de su casa en Seúl, acomodo la nariz del muñeco de nieve, notando como pequeños copos caían sobre su cabeza, levanto la mirada y sonrió nostálgico.
—Hasta la próxima navidad, Sunggie...
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