HOUSE OF BLACK || Theodore Nott fanfic!
"Ser una Black digna de su apellido".
Madelyn siempre había tenido esos pensamientos, especialmente al recordar que su padre, Sirius Black, traicionó el legado familiar al irse a los Potter.
Detrás del árbol...
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CAPÍTULO VEINTISÉIS «¿Nueva profesora?»
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El Gran Comedor brillaba con la luz habitual de las velas flotantes y el murmullo de los alumnos recién llegados que abarrotaban las cuatro mesas. A la mesa de Slytherin, Madelyn se acomodó junto a Theo y Draco, ajustándose la túnica mientras observaba la procesión de los estudiantes de primer año que caminaban hacia el taburete para la ceremonia de Selección.
Una vez que el Sombrero terminó sus deberes y se retiró del centro del salón, Dumbledore se puso de pie desde la mesa de profesores para dar los anuncios de inicio de curso.
—Buenas noches a todos —dijo el director con voz tranquila—. Antes de comenzar con el banquete, quisiera presentar a la profesora Grubby-Plank, quien estará a cargo de la materia de Cuidado de Criaturas Mágicas temporalmente.
Una ronda de aplausos, cálidos y sinceros, llenó el salón, seguida de un silencio expectante mientras Dumbledore continuaba.
—También me complace presentarles a nuestra nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras, la profesora Dolores Umbridge. Le deseamos todo lo mejor en su nuevo cargo.
—Ejem, ejem. —interrumpió una voz aguda y melosa, como el chirrido de una tiza en la pizarra.
La profesora Umbridge se levantó, su figura pequeña y regordeta envuelta en un traje rosa chillón, como un caramelo ácido en medio de la solemnidad del Gran Comedor. Dumbledore, sorprendido, la miró con una ceja alzada, una pregunta silenciosa en sus ojos.
—Gracias, señor Director, por sus amables palabras de bienvenida —dijo Umbridge con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, una máscara de falsa amabilidad—. Y qué maravilloso es ver todos estos rostros jóvenes y brillantes sonriéndome.
Un murmullo de incredulidad recorrió las mesas, como una brisa helada en una noche de verano. Nadie le estaba sonriendo. Madelyn, con una mueca de disgusto, susurró a Theodore: