CAPITULO 31

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Pasado*

El llanto de Jimin despertó a Namjoon en mitad de la noche. Salió de la cama medio dormido, con su cuerpo moviéndose pesado, cruzando el cuarto a oscuras y tomando al bebé que lloraba en la cuna. Hoseok gimoteaba, seguramente disgustado por haber sido despertado también. Seokjin se removió en la cama, pero no hizo el amago de levantarse.

El alfa se apresuró a salir de la pieza, abrazando a Jimin mientras intentaba calmarlo con su aroma. Esa misma escena se repitió ya una docena de veces desde que Seokjin fue devuelto a casa tras el parto de los mellizos. La felicidad que trajo consigo el nacimiento de Jimin y Hoseok fue superada, en pocos días, por el cansancio y el estrés acumulado.

—Sshh... No despertemos a mamá. Necesita descansar —susurró Namjoon, meciendo a Jimin contra su pecho—. Papá ya está aquí, no llores.

Besó su cabecita, alejándose del cuarto para que Seokjin no escuchara el llanto. Se paseó por el salón y el pasillo, tratando de no caer exhausto. Apenas dormía más de cinco horas al día, y no era suficiente para rendir al máximo en el trabajo ni en casa, donde las cosas no eran nada fáciles. Namjoon empezaba a sentir el peso de la paternidad sobre sus hombros, pero por el bien de Seokjin, no se permitió flaquear.

Seokjin lo necesitaba más que nunca.

Cuando Namjoon regresó a casa después del trabajo y encontró a Seokjin llorando sin consuelo junto con los bebés, no dudó en hacerse cargo de la situación. No preguntó, y sencillamente tomó a su omega y le limpió las abundantes lágrimas que caían de su rostro. Seokjin lo abrazó con fuerza, ahogando su llanto descontrolado.

Jimin y Hoseok lloraban igual, ahogados en el triste aroma que llenaba su hogar. Namjoon sintió una mezcla de desconcierto y miedo por no saber qué estaba sucediendo, todo era muy confuso, y lo único que quería era ver a Seokjin sonreír de nuevo.

Pasadas unas horas pareció calmarse, disculpándose por el escándalo que provocó. Namjoon lució preocupado, pero se convenció de que no era nada importante; a veces, los omegas sufrían algún que otro altibajo emocional. Pero la misma escena se repitió al cabo de unos días. El alfa actuó como la vez anterior, y Seokjin volvió a sentirse mejor.

Sin embargo, Namjoon sentía que algo no estaba bien con todo eso. Cuando no lloraba, Seokjin tenía cambios de humor demasiado rápidos; se enojaba con el mínimo comentario, incluso si era un halago sobre su aspecto.

—Sigues siendo hermoso —le decía el alfa.

—No, no lo soy. Mi cuerpo se ve horrible.

El alfa fruncía el ceño, extrañando ver a Seokjin todo tímido y sonrojado cada vez que le decía que era hermoso y que ningún omega se comparaba a él. Otras veces se ponía triste nada más mirar a los mellizos, y su aroma acababa contagiándolos a ellos también. Namjoon pensó que la mejor opción era dejar que Seokjin se tomara un descanso, por ello, casi todas las noches, se levantaba el alfa cuando los bebés rompían a llorar.

—¿Namie?

Seokjin había salido de la cama, arrastrando los pies, y un ligero aroma a pena los rodeó. Jimin se removió inquieto, refugiándose en su papá, sin mirar a su mamá y a quien no pasó inadvertido ese gesto.

—Vuelve a la cama, mi amor —dijo Namjoon, consciente de cómo el estado de ánimo de su omega afectaba a los mellizos.

—Soy una mala madre —musitó Seokjin, su voz a punto de quebrarse.

—No, claro que no —replicó, cariñosamente—, sólo estás cansado —insistió.

Pero Seokjin negó con la cabeza. No solamente era cansancio, era algo mucho más profundo que eso. Namjoon hizo el amago de acercarse, pero en cuánto dio un paso, Jimin gimoteó en señal de protesta. El alfa no entendía por qué todo estaba siendo un desastre: los mellizos no querían estar cerca de su mamá, y Seokjin, cada vez que los tenía, en brazos se echaba a llorar sin motivo aparente.

FOUR SEASONS (Namjin) "Terminada"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora