¿Conocen esa sensación de arrepentimiento seguido de unas tremendas ganas de desmayarse? Algo así como cuando se suben a un juego mecánico. ¿No? Bueno, imagínense estar en uno pero sin cinturones de seguridad y viendo cómo el elevador de cristal sube y sube por la gran chimenea principal de la fábrica.
Willy también no parecía lo bastante, ¿como decirlo? ¿Contento? ¿Satisfecho? ¿Seguro de su decisión de hacerle caso a Wonka y subirse al elevador en el que estábamos a punto de salir disparados por la chimenea? En la película todo marchaba bien, pero vivirlo en carne propia era mucho peor de lo que se había visto en la película.
Pasando por aquel susto (sustos que dan gusto je) llegamos a lo que era aquel edificio abandonado en medio de la nada donde un señor bigoton con bata blanca y guantes nos hacía la misma pregunta que en la película:
— ¿Agendaron una cita?
— No, pero se ve que le urge que le revise una muela. — no repetí la misma frase que Charlie porque justo ahora estaba mareada por el largo viaje, cansada de estar de pie y con hambre porque segura que los jugos gástricos que quería echar para afuera habían acabado con todo allí adentro.
Cuando Wonka fue examinado yo miré al rededor y me sorprendió encontrar aún más cosas de las que salieron en la película. En la entrada también había visto varios cuadros con pedazos de periódico enmarcados, todos y cada uno de ellos mencionaban a Wonka. Uno de ellos tan solo lo mencionaba como parte de una comparación con otro chocolatero que antes había sido famoso, pero ahí estaba ese pedazo de periódico bien recortado y subrayado decorando la pared de ese sitio.
Este señor amaba mucho a Wonka. Después de todo era su hijo. Sorprendí a Willy también mirando el libro de recortes con una expresión que me sería difícil describir en palabras, era como tristeza acompañada de anhelo y cariño, de felicidad ligada con deseo y amor. Me acerqué a Willy cuando escuché que el papá de Wonka recitar su diálogo de la película.
— ¿Qué piensas? — pude ver cómo seguía pasando las páginas.
— Creo que Wonka necesita un fuerte abrazo. — su risilla baja me hizo reír también. Le toque el hombro y le hice una seña para que girara a ver detrás suyo donde ocurría la escena del abrazo reconciliador de Padre e Hijo.
— Algo me dice que eres profeta.
— Me dan ganas de unirme, ¿a ti no?
— No. Estoy bien. Ve si quieres. — le alenté con burla pero tan solo nos quedamos allí de pie.
Algo que no pasaba en la película fue cuando el padre de Wonka se acercó a nosotros para hacernos la invitación de una cita dentistica a lo que negamos inmediatamente, o al menos yo lo hice y después codeé a Willy para que hiciera lo mismo.
— Él te quiere hacer unas preguntas. — dijo Wonka mientras se acomodaba la gabardina. — Quiere conocerte.
— ¿Qué es lo que quieres saber? — podría jurar que el tono frío de Wonka había sido heredada de su padre por la forma en la que había hecho la pregunta sin siquiera una expresión de sorpresa.
— ¡Oh! Tengo muchas preguntas. Si me permite anoté algunas en mi libreta personal por si acaso se me llegaran a olvidar. — y con su auténtico optimismo hurgo entre su abrigo para sacar una libreta con un lápiz. Parecía detective viéndolo desde este ángulo. — A ver, ¿cuál debería hacer primero? Está parece la indicada. ¿Por qué duraron tanto tiempo separados?
¿De verdad esa era la mejor pregunta que tenía? Mire al padre de Wonka quien se mantenía sin ningún cambio de expresión más que el de entrelazar sus dedos con aires de irritación.
ESTÁS LEYENDO
Una vida de chocolate (Willy Wonka x Lector)
FantasySi no habías tenido suficiente con historias de transmigración, aquí te traigo una que sin duda será muy diferente a lo que habías leído. Todo en una vida llena de chocolates de los mejores chocolateros. Veras cosas dulces y otras no tan dulces. *...
