Capitulo 17

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Había olvidado lo horrible que sería ver el local en llamas. ¿Cómo era posible que lo olvidara? Era un evento tan dramático en la película que les aseguro que no era la única que recordaba esa escena con lujo de detalles sobre lo trágico que fue. Todos estábamos llenos de tizne y mirando sin poder creerlo lo que nos había costado tanto trabajo y esfuerzo crear. Ni que decir de Willy, era el más devastado de entre todos. Wonka parecía inexpresivo, como si no quisiese que su lengua hablara de más en este momento.

— Willy... — me acerque a él tal como Noodle estaba haciendo.

— Yo... no sé qué pasó. Todo estaba bien. ¿Por qué...? — intente tomarle de la mano pero su reacción fue esquivarme — Necesito un poco de tiempo.

En la película el de contabilidad decía aquellas palabras. Creí que era natural querer darle consuelo pero... tal vez no había sido lo correcto en ese momento. Quizás esa frase nunca debió haber sido dicha por Willy. Pero de algo estaba segura y era que este era un evento canónico que en algún momento tendría que haber ocurrido, si no era ahora posiblemente sería en su fábrica y eso hubiese sido peor.

Cuando volvimos al hospedaje/cárcel, Wonka parecía lo bastante sumido en sus pensamientos como para no querer darse una buena limpieza de cara, manos y vestimenta. Imagino que también debía ser un increíble impacto hacia su persona el ver que su otro yo no parecía estar llevándola tan bien o quizás recordando aquellos tiempos en los que le habían robado sus recetas.

— ¿Estás bien? — era lo único que podía preguntar ahora.

— Si. Solo necesito descansar un poco. — pero aún mantenía su vista fija en algún lugar extraño fuera de esta habitación.

— Claro.

— Es demasiado extraño.

Claro que era extraño, después de todo no había sido culpa de Willy o de Wonka, o de ninguno de nosotros sino de la señora Fregosso que había sido comprada para poner veneno en los dulces justo el día de la inauguración.

— Yo también lo creo. Por lo menos tengo la seguridad que ni tú ni Willy pusieron veneno en los dulces. — eso era un hecho.

— Ja. Primero regreso con mi padre que a poner veneno en mis dulces. — aunque era algo sarcástico me hizo sonreír el hecho de que aún no se encontraba al cien por ciento dispuesto a continuar una conversación con su padre.

— Willy diría lo mismo, ¿no es cierto, Willy? — y me giré buscándole con la mirada. — ¿Willy?

— No ha vuelto.

Y sentí que la sangre se me bajó hasta los pies. ¿Cómo podía ser tan tonta y olvidadiza como para no recordar que ahora se encontraba pactando un trato mal hecho con aquellos tipejos? En mis memorias las cosas transcurrían bien pero... ¿qué era este mal presentimiento que tenía? Sentí el corazón acelerarse me como cuando te dicen que tu mascota se escapó, y las piernas temblorosas como cuando terminas de dar una presentación. Sé que no era momento para estar poniendo cosas graciosas pero mi cabeza no me dejaba pensar en ejemplos mejores en ese momento que no fueran esos.

A como pude salí de aquel lugar. ¿Cómo? Ni siquiera yo lo supe. Solo sabía que tenía que llegar a aquel lugar cuanto antes. Lugar que para colmo ni sabía dónde estaba. Así que entre unos cuantos transeúntes que caminaban por milagro de la vida a esa hora de la noche pregunté y pedí direcciones con desesperación.

— Es un lugar que parece un muelle. Con un gran camino de cemento y piedras a los lados. — hice señas con mis manos intentando darme a entender mejor.

— ¿Un muelle que no es muelle? — el hombre parecía pensativo y su compañero también.

— Si. Tal vez sea poco conocido, no va mucha gente pero algunos barcos zarpan de allí. Eso escuché. — lo último lo había mencionado como método de camuflaje. Probablemente fuese un muelle ilegal y por eso nadie lo conocía.

Una vida de chocolate (Willy Wonka x Lector) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora