Capitulo 21

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¿Como fue el día siguiente después de aquella súbita e inesperada confesión? Bueno... dígamos qué un poco diferente. Que poco es decir mucho. Demasiado. Incluso Wonka parecía notarlo y eso que no era de los que captaban rápidamente una incomodidad entre otras personas que no fueran él mismo.

— Supongo que anoche no fue una muy agradable noche. — mencionó cortando el huevo estrellado que formaba parte de nuestro desayuno de hoy. Huevo que le habíamos pedido a una vecina. ¡Ja! Willy Wonka pobre, era algo raro de ver.

— ¿Qué? ¿Como que por qué sacas una conclusión como esa? — pregunté tomando también un pedacito de ese huevo. Debo aclarar que eran dos huevos para nosotros tres, y eso porque la vecina se acomidió de nosotros y nos regalo otro.

— Hasta un ciego podría darse cuenta de lo incómodos que se encuentran.

— No estamos incómodos. — aseguró Willy tomando asiento dejando los vasos de agua frente a cada uno.

— Claro, y yo no estoy teniendo un desayuno tan pobre. — suspiro mirando el tenedor con el pedacito de huevo en el. A veces me preguntaba si realmente Wonka tenía ese tipo de personalidad o si era algo a lo que se había adaptado durante su crecimiento en soledad.

— Por lo menos estamos desayunando algo. — quería darle algún punto positivo a todo este rollo de no tener ni una moneda en el bolsillo y de no poder llenarnos bien el estómago de momento.

— Claro. Al menos eso debería ser algo bueno. — me devolvió con sarcasmo. 

-- ¿Quieres un chocolate? -- el aliento de Willy me recorrió la oreja y sentí como aquel pedacito de huevo se me atoraba en la garganta. Por evidencia se me pasaron dos vasos con agua de los cuales solo tome el que me quedaba mas cerca.

-- A eso mi amigo, le llamo incomodidad. -- repitió Wonka con una sonrisa.

-- No estamos incomodos. -- repitió de nuevo Willy con un cierto toque de molestia retirándose de aquel lugar. 

-- Incomodidad. -- se burlo Wonka desde su asiento tomando un poco mas de huevo. 

-- ¿Por que se fue? -- intente aclararme la voz después de tremenda tos con un pedacillo de huevo. 

-- No tengo interés en saber realmente. 

-- Wonka. 

-- Ni aunque tu me lo pidas. 

No se que fue lo que me resulto mas extraño del día, si el desayuno donde Willy se fue, la comida donde la vecina nos llevo parte de lo que había cocinado, o la cena donde recalentamos lo poquito que sobro de la comida y donde Willy no apareció. Wonka parecía fascinado, hablaba mas de costumbre y se expresaba con naturalidad, casi normal diría yo. Pero lo que era mas raro recaía en la actitud de Willy, distinta y distante. 

-- ¿Willy? -- toque la puerta un par de veces. 

No hubo respuesta. 

-- ¿Nada? -- yo negué con la cabeza ante la pregunta de Wonka. -- Sigue siendo un mocoso. 

Bueno, un niño como tal quizás no, pero tampoco es que conociera del todo lo que estaba ocurriendo. A la mañana siguiente que salí de la habitación de Wonka por obvias razones me encontré con la puerta abierta de la habitación del frente. Willy no estaba allí, pero la cama estaba muy bien tendida. 

-- ¡Wonka! -- grite asustada del pensamiento de que hubiese desaparecido. El sonido adormilado de Wonka me hizo desesperarme mas. --No esta. Willy no esta.

-- Ah. 

-- ¿'Ah'? ¿Es todo lo que dirás? ¿Y si desapareció? -- levante la voz, debo admitirlo.

-- Preocuparte así no ayudara en nada si es el caso. -- se incorporo un poco bostezando, tenia el cabello revuelto. -- Si desapareció no habrá mucho que podamos hacer, ¿o si? 

-- Pues no, pero aun así...

-- Entonces deja de preocuparte. -- sentencio acomodándose el cabello. 

Como por cosas del destino escuche la puerta abrirse justo en el desayuno, ¿que teníamos de comer? Pues... agua. Una muy deliciosa agua natural sacada de una botella del refrigerador. ¿Como es que estábamos sobreviviendo así? Diosito solo lo sabrá, porque yo tenia y sentía un hambre de aquellas que una ballena si me zampaba. Total que al escuchar la puerta abrirse, tanto Wonka como yo nos giramos a ver, Willy era quien la atravesaba con una gran sonrisa y varias bolsas con despensa, mucha despensa mientras nos dedicaba unos buenos días que me hicieron molestar. 

-- ¿Trajiste pan? -- pregunto Wonka.

-- Si. 

-- Perfecto. 

Y con ello le vi acercarse a mi con una gran sonrisa en rostro entregándome una caja morada con un lazo dorado. 

-- Esto es para ti. 

-- Desapareciste. -- dije tomando la caja entre ambas manos. -- Wonka me regaño por preocuparme tanto.

-- No puedo viajar al mundo de Wonka, este es mi mundo, mas asustado estaría yo si ustedes desaparecieran... -- abrí la caja donde venia un chocolate en forma de corazón con unas líneas rosas-- que tu desaparecieras. Realmente seria a lo que mas temo ahora. -- su voz bajo, como si quisiera volver este momento cosa de solo nosotros dos.

-- ¿Es tu nuevo invento? 

-- Así es. Lo hice anoche.

Ahora todo tomaba sentido, por eso o había respondido y se la pasaba evitándonos, estaba creando algo nuevo en la habitación. Y si algo había aprendido de convivir con ellos era que nunca debes interrumpir a un Willy Wonka cuando esta creando algo nuevo. Es como tabú. Pero ese simple tabú me había dado un alivio al corazón.

-- Es un buen producto, seguro podrás ganas varias monedas por el. -- le anime pero sus ojos se encontraron con los míos diciéndome que no seria así. 

-- No es para ellos. -- mi corazón comenzó a latir con mas fuerza -- Es solo un producto especial para ti. -- no se que ardía mas si mis mejillas o mi corazón retumbante.

Su mirada me decía que lo probara, que calificara aquel dulce que con tanto esmero se había empeñado en hacer a pesar de causar malentendidos. ¡Carajo! Esto no podía ser, quería y no quería hacerlo. Su confesión ya había sido mucho como para ahora sentir  carne viva sus emociones. ¿Quería hacerlo o no quería hacerlo? Diría mi buen amigo Cantinflas: Ahí esta el detalle. ¡¿PERO CUAL MALDITO DETALLE?! Este era por mucho un detalle extraordinario y hablo de poder lograr transmitir las emociones a un chocolate. 

Sin pensarlo mas de las veces que ya lo había pensado le di una mordida y carajo, fue la emoción mas fuerte que pude haber experimentado, el sabor si las papilas me lo permiten describir de la mejor manera es que tenia una combinación de cereza, rosas, malvavisco y algo que no lograba descifrar. Y las sensaciones, ¡oh Dios mío!

--¿Que tal? -- me pregunto emocionado. Lo podía decir con seguridad ahora: estaba esperando una respuesta definitiva. 

-- Willy...

Y como en toda buena trama romántica no podía faltar el hecho de que Wonka me robara el ultimo pedacito de chocolate y se lo comiera. ¿Había dicho ya que Wonka no comía otro chocolate que no fuese el suyo, a excepción de uno mío? Pues he aquí otra excepción... su reacción no fue la mas esperada, me atrevo a decir que fue muy agresiva. 

-- Recházalo. 

-- ¿Que?

-- Que lo rechaces. -- sentencio en tono serio. 



Una vida de chocolate (Willy Wonka x Lector) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora