Capitulo 28

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De nuevo empezábamos a vender chocolates. Está de más decir que fueron un éxito desde el primer día. Willy y Wonka seguían indagando en nuevas creaciones mientras estuvimos en aquel pueblo. Logramos salir del granero al tercer día y conseguir una pequeña cabaña a punto de desmoronarse. Eso significaba más trabajo en realidad, pero era lo único que pudimos costear con los dos días que se vendieron chocolates, el dinero del tercer día lo habíamos utilizado para comprar comida y materia prima. Así que, dos semanas después estábamos colocando una cama nueva.

— Más a la derecha. Más. ¡Ahí! — exclamé con una sonrisa mientras ellos terminaban de empujarla y tirar de ella. — ¿De verdad costo eso?

— Debería sorprenderte lo bueno que es regateando ahora. — dijo Wonka mientras se limpiaba el sudor de la frente.

— Uno siempre aprende cosas nuevas.

— No sabía que era el tipo de cosas que te gustaba aprender. — le ayude a secarse el sudor.

— Tampoco yo.

Y así era nuestra rutina de nuevo. Yo me convertí de plano en ama de casa, Willy y Wonka eran los chocolateros del pueblo, vendedores, regateadores, y muy populares entre los niños y entre algunas mujeres. Recuerdo que me tocó presenciar la ocasión en la que una joven mujer de cabello rojizo se acercó a Wonka para darle una flor envuelta en un papel muy lindo para declararle su amor, y lo que hizo Wonka fue entregarle una moneda creyendo que se la estaba vendiendo.

¿Cuánto tiempo habíamos estado así? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que habíamos llegado al pueblo y nos habíamos acoplado tan bien? La casa estaba completamente reconstruida, el piso había sido cambiado, las paredes pintadas y decoradas, no sufríamos de hambre ni de dónde recostar la cabeza. El dinero seguía llegando y también las creaciones. El nombre de Willy se estaba extendiendo por los pueblos cercanos y cada vez la producción de chocolates era mayor, tanto que incluso se construyó un pequeño taller a un costado.

¿La historia volvería a su curso en algún momento? Las cosas que estábamos viviendo ahora eran tan pacíficas, incluso habíamos celebrado algunos festivales en casa y había sido lugar turístico también para comprar chocolates. ¡Había un letrero en la entrada que decía "Chocolates Willy Wonka"! Era una mini fábrica en realidad. En alguna parte muy dentro mío temia que la historia forzase el desarrollo original a costa de algo.

Las historias escritas siempre se cumplen.

Eso lo sabía muy bien. Pues poco a poco comenzaban a llegar noticias del lugar de donde habíamos escapado. Era demasiada coincidencia para ser llamada coincidencia. La historia estaba queriendo volver a su curso original.

— ¿Willy?

— ¡Ya casi termino! ¡Te lo prometo!

Me acerqué por detrás a él. La mini fábrica era tal cual habría imaginado, un montón de tecnología bastante potente y única, claro que Wonka había metido mano en ello.

— Willy. — le llamé de nuevo una vez me puse a un lado suyo. Estaba concentrado en un dibujo sobre lo que esperaba del próximo experimento.

— Ahora sí, dime. Manos libres. Cabeza libre. — dijo mientras se giraba a verme y me rodeaba con ambos brazos recostado su barbilla en mi abdomen.

— No veo tus manos libres.

— Libres del trabajo, no de ti. — bromeo y yo solo le di un golpecillo suave en la frente. — ¿Que es lo que quieres decirme? No parece que sea de la comida:

— No, no es de la comida.

— Tampoco de Wonka.

— Tampoco de el. — suspire con una sonrisa y le acaricie el cabello un par de veces antes de saber cómo empezar la conversación. — Willy, ¿cuánto tiempo llevamos aquí?

Una vida de chocolate (Willy Wonka x Lector) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora