Supe que el tiempo pasaba rápidamente ahí porque empecé a mejorar de aquella golpiza que me propinó ese bastardo.
Empecé a medir el tiempo, pues me daba creo yo; de comer y de cenar por lo que supe que si pasaban dos comidas, a la tercera ya era otro día.
Pasaron alrededor de 10 días; el no cruzaba palabra alguna conmigo, al contrario se mantenía callado, solo entraba y me daba de comer, me ponía el balde para hacer del baño y se retiraba. Más tarde entraba y tiraba por un pequeño desagüe que estaba en una esquina los deshechos y en la llave enjuagaba el balde para ponerlo nuevamente dentro de la jaula.
A veces me ponía los grilletes, a veces no.
Cierta ocasión entró. Se sentó en la silla y empezó a hablar.
Matilda, Matilda...
¿Que voy a hacer contigo? -preguntó.
Me encontraba comiendo un pedazo de pan con un vaso de leche.
-¿Qué quieres hacer conmigo? -contesté.
-Te he observado durante algún tiempo. ¿Te sientes privilegiada porque tus papás tienen dinero? ¿Crees que puedes venir a este país y hacer lo que se te plazca? -me dijo.
-No sabía que estaba prohibido hacer lo que uno quisiera. Uno es libre de hacer y deshacer, ¿no? Además, ¿quién eres tú para decirme que puedo y que no puedo hacer?
-Pues, como te puedes dar cuenta... Soy tu dueño, ahora me perteneces. -respondió.
¿Siempre has sido así? ¿De berrinchuda y caprichosa? Es una lástima que seas hija única, a lo mejor te faltó un pequeño hermanito con quien jugar. Quizás así serías diferente.
-¡No se de que hablas! Es fácil decir cualquier cosa detrás de una máscara, abusando de que no te puedo ver. -le contesté.
-La máscara no es para protegerme de ti, es para protegerte de mi, es para que no sepas quién soy, pero ¿de que sirve eso?, si yo se perfectamente quien eres. Durante meses te he observado, cada movimiento, con quien salías, a donde ibas, que comías... ¡todo!
Se muchísimas cosas sobre ti... Matilda, cosas que ni tú misma sabes acerca de ti. Conozco tus secretos.
Todo este tiempo un repudio hacia ti fue creciendo desenfrenadamente, por eso la golpiza del otro día fue gratis.
—pe...pero, ¿qué te he hecho yo, para que me odies así? -contesté
—respirar, vivir, hacer como que nada más importa más que tu; eso es lo que has hecho.
—no se de que mierda hablas, ni siquiera de quién eres, si alguna vez te hice algo, discúlpame. -le respondí afligida.
—a mi no me debes nada, en su momento sabrás quién soy, mientras tanto seguiré disfrutando de tu presencia en este lugar, así que acomódate bien, estarás aquí un largo tiempo.
—¿con que fin? -pregunté
—con el fin de alegrarme la existencia. -contestó.
—el otro día, ¿a quien le mandaste el video que tomaste? ¿Era una prueba, verdad? ¿Para quién?
—que curiosa eres Matilde, que ironía; que tú misma curiosidad te tenga aquí metida entre estas cuatro paredes. Pero no te preocupes, a nadie le interesas, ese video es para mí, así como las fotografías que te tomo.
—¡Mientes! ¡Reconozco a un mentiroso cuando lo hace! -le grité.
Se acercó y apretó mi cuello con su mano.
—¿Y tú? ¿Tu te reconoces a ti misma?, maldita perra. -me dijo mientras me aventaba contra la jaula.
—Ya comiste demasiado -me dijo mientras me arrebataba aquel pedazo de pan y lo poco de leche que me quedaba.
—Al menos dime en qué día estamos. -contesté.
—¡45! ¡45! —contesto.
—¿45 que? -respondí mientras el se alejaba y cerraba la puerta.
—Mierda... ¿45 que? ¿Días? ¿Semanas?...
¿Meses? —me pregunté a mí misma.
No, meses obviamente no... ¿semanas? Es mucho tiempo también. Pues han de ser días, pensé. 45 días encerrada aquí abajo.
Este maldito algo sabe, ¿que información tiene sobre mi? ¿Qué le hice para merecer esto?
Puede que haya observado mi vida, pero no conoces realmente quién soy, la fuerza que necesito para enfrentar esto no proviene de mis secretos, si no de mi determinación y coraje. ¿Crees que puedes venir y simplemente atarme y mantenerme cautiva por diversión? Estás muy equivocado. No se quien seas hasta ahora, pero créeme que lo voy a descubrir y haré que pagues por esto.
A medida que el tiempo pasaba, encontré pequeñas oportunidades para resistir y desafiar la autoridad de mi captor. Aprendí a leer sus gestos en la obscuridad, a saber dónde se paraba, cómo sonaba su voz amenazante cuando quería infligir miedo en mi, o a notar cuando sentía la lástima de tenerme en ese lugar. La rutina de aquel lugar se volvió una aliada en mi cautiverio proporcionándome información valiosa para empezar a planear mi escape.
Mi mente se volvió afilada, tratando de desentrañar las motivaciones de mi captor, y las debilidades de aquel lugar.
A pesar de toda adversidad y de que las probabilidades eran mínimas, encontré un atisbo de esperanza dentro de mi misma, alimentado por la convicción de que la verdad y la resistencia podrían ser mis mejores aliadas.
ESTÁS LEYENDO
La Jaula de Matilda
Mystery / ThrillerMatilda ha sido secuestrada por un desconocido. Se encuentra en la obscura confinación de un sótano silencioso, donde se debate entre la angustia y la incertidumbre. Sus ojos, vendados y privados de la luz, exploran la negrura que la envuelve, sus...
