Carven creyó que pasar la audición de la obra más importante del instituto sería su reto más grande, hasta que conoció a Matthew y se enamoró de él.
* * *
Carven y Matthew han sido elegidos para ser protagonis...
A unos les gusta el azul, a otros el verde. Existen personas que tocan música y otros que practican deportes. En todas partes siempre habrá alguien que prefiera las matemáticas por sobre las artes, y otros cuyos talentos se basen más en analizar los poemas que en escribirlos. Al final, en este mundo todos somos diferentes.
Las diferencias nos alejan de la perfección, una palabra inalcanzable. En un mundo ordenado y construido a lo largo de los siglos, las diferencias nos recuerdan lo humanos que somos. Es parte de nuestra naturaleza, tan natural como sentir odio o amor.
Incluso el amor tiene un orden, reglas que la mayoría siguen. Cómo amar, dónde amar, a quién amar. Puede resultar increíble darte cuenta de que hay sitios donde amar fuera de regla es tan grave y penalizado como matar a alguien.
Por fortuna yo no vivía ahí, pero las reglas existen para romperse y eso me hacía sentir como un criminal dentro de mi propia casa. No importaba que fuera el sitio más seguro desde que tenía memoria; ya no había espacio para mí y pude comprobarlo de boca de mi propia familia.
—¿Qué tal la escuela? —preguntó mamá una vez que todos nos sentamos a cenar.
Briana, mi hermana menor, contó que tenía problemas para entender algunos temas de matemáticas que vio en el día, pero que iba a aplicarse. Para aligerar la atención negativa que pudiera generar en mis padres, añadió que su equipo ganó en su clase de Debate.
Mantuve el rostro agachado y el corazón encendido. No quería que se enfocaran en mi labio y la hinchazón, que preguntaran qué había pasado o si estaba metido en problemas. Suponían una pelea, pero no podían estar más equivocados. Era mejor que lo creyeran a que se enteraran de Matthew.
Para cuando la mesa se quedó en silencio y todos me observaron, tuve que apresurarme a improvisar. Ya tenía práctica gracias a los ensayos de la obra, así que se me ocurrió algo rápido y creíble. De paso, indagaría en la opinión de mi familia sobre lo que era yo en realidad.
—Yo también tuve esa clase hoy —inventé, ligeramente cohibido—. Debatimos sobre el matrimonio gay, pero no llegamos a ninguna conclusión.
Aquella fue una especie de invitación para que opinaran sobre el tema.
Al principio el silencio fue frívolo e incómodo, una mala señal. Mamá tomó agua mientras buscaba qué decir, Briana me observó como si no pudiéramos hablar de eso, y papá se quedó con el tenedor alzado.
Moví las piernas por ansiedad, bajé la vista a mi plato semivacío. Su respuesta era determinante para saber si podría decirles la verdad, algún día, sobre cómo me sentía y quién era. Después de todo, me encontraba con las personas que más me conocían, que siempre estuvieron para mí, apoyándome. No iban a dejar de amarme por la forma en la que yo amaba, ¿cierto?
Las mujeres de mi familia dijeron lo que mencioné antes: "diferente". Aunque lo expresaron con cierta incomodidad, no saltaron directo al rechazo y eso me reconfortó muy en lo profundo. No obstante, faltaba la opinión más imponente de todas, la que influenciaría a las demás.
—No es normal, de ninguna manera —soltó mi padre antes meterse comida a la boca—. A mí me parece una aberración.
Un nudo instantáneo se formó en mi garganta tras analizar con detenimiento la última oración. Permanecí en silencio un segundo que me pareció eterno. Tenía que hablar y seguir, preguntar sus motivos, pero al alzar la cabeza vi que mamá y Briana asentían a sus palabras.
—Sí, yo también lo creo... —mi voz tembló sin que lo distinguieran.
Ahí murió la conversación. No quise añadir nada porque obtuve lo que buscaba; la opinión más sincera e hiriente de todas.
¿Entonces es lo que soy?
Traté de convencerme de que lo mío era solo una faceta, algo pasajero, que en algún momento volvería a la normalidad. Pero no podía. Cada vez que veía a Matthew sentía la misma presión en el pecho y mi corazón agitarse. Era uno de los seres más geniales y atractivos del universo y quería estar con él tanto como él quería estar conmigo.
Me dije a mi mismo que parara, que mis actos y pensamientos eran aberrantes, equívocos y humillantes. Intenté meterme en la cabeza la idea de que mis padres se decepcionarían y me odiarían por involucrarme con un hombre, que buscarían la forma de cambiarme.
A raíz del miedo comencé a limitarme en todo lo que pudiera dejarme en evidencia: acciones, palabras, gustos... pero Matthew siempre volvía disfrazado como mi mejor amigo y no podía huir de él ni de mis propios sentimientos.
Era entonces cuando ignoraba quién necesitaba ser y me transformaba de nuevo en mí, en Carven.
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