Creí que debía olvidar a Matthew por mi propio bien, pero me fue más difícil tras recordar que ya no estaría más en el instituto.
Ese día que nos llevaron a la dirección con nuestras familias, el director reveló que Matt estaba en riesgo de reprobar el curso y que debía cuidar todavía más sus calificaciones que yo. No obstante, se hizo de oídos sordos. Todavía recordaba aquella expresión desinteresada en su rostro que me demostró lo poco que le importaba.
La primera semana de vacaciones la viví con una constante preocupación. Ansié llamarle, pero el orgullo me ganó. Tras haber perdido las diez cartas de los invitados a la obra, no dejé de pensar en la reacción de sus padres. No iba a esperarle nada bueno.
Cerca de las diez de la mañana alguien tocó el timbre de mi casa, pero no abrí porque a duras penas me percaté del ruido. Nadie tenía motivos para venir de visita, menos sabiendo que la familia completa salía, así que lo ignoré.
Tomé mi celular para verificar si Matthew se encontraba en línea, pero fue decepcionante darme cuenta de que su última conexión había sido casi quince días atrás. Era demasiado tiempo, casi tanto como el que pasamos él y yo sin comunicación tras nuestros castigos.
La única persona que podía confirmar que no se había evaporado para siempre, era Keira. O eso creí al principio.
Mis padres se encontraban en sus empleos, Briana en el colegio tras faltar todavía un mes para sus vacaciones. Yo no hice nada más que estar en completa soledad, sin salir mucho de mi habitación. El silencio de la casa era malo. Malo porque me hacía pensar con la misma intensidad que en las noches.
No supe a quién más escribirle para distraerme, por eso permanecí con la pantalla desbloqueada en el chat que teníamos Matthew y yo. No es que habláramos mucho durante nuestros mejores días, pero podía rescatar cosas lindas de ahí; cosas de las que ya no quería saber más.
Mis energías estuvieron por los suelos hasta el mediodía. No tenía motivación, ni siquiera para cambiar de posición en la cama. Mi cuerpo se sentía debilitado, mis párpados pesados. De nuevo quería llorar de la nada.
Aunque el estómago me gruñera, no quise ir por comida. Tampoco alzarme para abrir la ventana ante el calor sofocante del verano. Eso sí, no pude resistir por mucho tiempo mis ganas de orinar. Solo entonces decidí levantarme.
Mientras me lavaba las manos y miraba mi desgastada apariencia en el espejo, de nuevo llamaron a la puerta, solo que con un poco más de insistencia. Si algo me disgustaba más que la personalidad de Matthew, era que un ruido tan escandaloso como el timbre anulara la tranquilidad de mi hogar.
Tuvo que sonar cerca de cinco veces para colmarme la paciencia y hacerme bajar en calzoncillos. Ni siquiera me asomé por la mirilla, simplemente abrí la puerta de par en par y me expuse con molestia a un visitante que no esperaba para nada: Keira.
Se cubrió los ojos de inmediato y yo por reflejo cerré la puerta en su cara sin cuidado alguno.
—¡Salgo enseguida! Me iré a vestir —avisé mientras corría de vuelta a mi habitación, con la vergüenza recorriéndome el cuerpo entero.
Luego de maldecirme incontables veces, revisar que ya no estuviera rojo de las mejillas y verificar que no me viera peor que de costumbre, volví a abrir la puerta con más calma. Keira, aún insegura, asomó lentamente los ojos.
—¿Qué haces aquí? —pregunté con curiosidad antes de permitirle pasar a mi sala.
Nos sentamos uno frente al otro. La examiné de cerca mientras se preparaba para hablar. Se sentaba como de costumbre, con las manos descansando sobre sus piernas, pero jugueteando con los dedos por inquietud. Desviaba un poco la vista, principalmente hacia abajo.
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El final que deseo [COMPLETA]
Ficção GeralCarven creyó que pasar la audición de la obra más importante del instituto sería su reto más grande, hasta que conoció a Matthew y se enamoró de él. * * * Carven y Matthew han sido elegidos para ser protagonis...
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