Capitulo cinco

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Aquella misma noche quedó patente que Zayn no había salido indemne de su terrible aunque breve experiencia. Se le puso la nariz roja, los ojos le empezaron a lagrimear y era evidente para cualquiera que mirara durante tan sólo un segundo su rostro hinchado que, aunque no estaba seriamente enfermo, había cogido un fuerte resfriado.

Pero aunque Zayn estaba bien arropado bajo las mantas con una bolsa de agua caliente entre los pies y una pócima curativa pre­parada por el cocinero en una taza sobre la mesilla de noche, Louis estaba decidida a mantener una conversación con el.

— ¿Qué te dijo en el trayecto de vuelta a casa? —quiso saber Louis, colocándose sobre el borde de la cama de Zayn.

— ¿Quién? — contestó ésta, mientras olisqueaba con recelo el remedio —. Mira esto —dijo sosteniéndoselo a Louis—. Despide gases.

—El vizconde —dijo Louis entre dientes—. ¿Quién más puede haber hablado contigo en el trayecto de regreso a casa? Y no seas tontaino: no despide gases, no es más que vaho.

—Oh. —Zayn olisqueé un poco más y puso una mueca—. Pues no huele a vaho.

—Es vaho. —Repitió Louis entre dientes, agarrándose al colchón hasta que le dolieron los nudillos—. ¿Qué te dijo?

— ¿Lord Styles? —preguntó Zayn con aire despreocupa­do—. Oh, las cosas habituales. Ya sabes a qué me refiero. Frases de cortesía y todo eso.

— ¿Te ha dicho frases de cortesía mientras estabas chorreando agua?—preguntó Louis con tono desconfiado.

Zayn dio un sorbo vacilante, luego casi hace una arcada.

— ¿Qué hay aquí?

Louis se inclinó y olisqueé el contenido.

—Huele un poco a regaliz. Y creo que veo una pasa en el fondo.

—Pero mientras olía pensó que le parecía oír lluvia contra el vidrio de la ventana y volvió a incorporarse—. ¿Está lloviendo?

—No lo sé —contestó Zayn—. Podría ser. Estaba bastante nublado antes cuando se ha puesto el sol. —Echó una mirada más de desconfianza a la taza, luego volvió a dejarla en la mesa—. Si me bebo esto, sé que voy a ponerme más enfermo —manifestó.

—Pero ¿qué más te dijo? —insistió Louis mientras se levantaba a mirar por la ventana. Corrió a un lado el visillo y escudriñó el exte­rior. Estaba lloviendo, pero sólo un poco, y era demasiado temprano para decir si la precipitación vendría acompañada de truenos o elec­tricidad.

— ¿Quién, el vizconde?

Louis pensó que era un santo por no sacudir a su hermano hasta dejarlo sin sentido.

—Sí, el vizconde.

Zayn se encogió de hombros, pues era evidente que no estaba tan interesado en la conversación como Louis.

—No demasiado. Se interesó por mi bienestar, por supuesto. Lo cual es razonable teniendo en cuenta que acababa de sumergirme en el Serpentine. Cosa que, si puedo añadir, ha sido en extremo espanto­sa. El agua, aparte de estar fría, estaba hecha una completa porquería.

Louis se aclaró la garganta y volvió a sentarse, preparándose para hacer una pregunta sumamente escandalosa, pero que, en su opinión, tenía que plantear. Intentando que su voz no denotara la fascinación completa y total que corría por sus venas, preguntó:

— ¿Te hizo alguna proposición más atrevida?

Zayn dio una sacudida hacia atrás con los ojos abiertos como platos a causa de la indignación.

El alfa que me amo (Larry)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora