Capitulo catorce

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Durante una fracción de segundo, todo el mundo permaneció paralizado como si aquello fuera un retablo dramático. Louis miró a las tres matronas llenas de consternación. el omegas lo miraban a su vez con absoluto horror.

Y Harry continuaba empeñado en extraer el veneno de la picadura de abeja de Louis, ajeno por completo al hecho de tener público.

Del quinteto, Louis fue el primero en encontrar la voz, y la fuerza para hablar. Empujando a Harry por el hombro con toda su energía, soltó un grito vehemente:

— ¡Basta!

Harry, del todo desprevenido, resultó sorprendentemente fácil de apartar y aterrizó en el suelo sobre su trasero, con la mirada aún llameante en su empeño de salvarlo de lo que él percibía como un destino mortal.

— ¿Harry? —dijo lady Styles con un jadeo. Pronunció el nombre de su hijo con voz temblorosa, como si le costara creer todo lo que estaba viendo.

Él se volvió.

— ¿Madre?

—Harry, ¿qué estabas haciendo?

—Le ha picado una abeja —dijo con expresión grave.

—Me encuentro bien —insistió Louis, luego tiró de su vestido hacia arriba—. Ya le he dicho que me encontraba bien, pero no quería escucharme.

Los ojos de lady Styles se empañaron pues el omega sí comprendía la situación.

—Ya veo —dijo con voz baja y triste, y Harry supo lo que veía. Tal vez su madre fuera la única persona capaz de hacerlo.

—Louis—dijo Jay por fin, encontrando dificultades para articular palabra—, tenía los labios sobre tu... sobre tu...

—Sobre sus pezones —concluyó la señora Swift servicial con los brazos doblados sobre su amplio seno. Un ceño de desaprobación marcaba su rostro, pero estaba claro que se estaba divirtiendo de lo lindo.

— ¡No es eso! —exclamó Louis mientras se esforzaba por levantarse, lo cual no era una tarea fácil puesto que Harry había aterrizado sobre uno de sus pies cuando él le apartó del banco—. ¡Me ha picado justo aquí! —Con un gesto impetuoso, señaló con el dedo la señal roja, aún hinchada, sobre la fina piel que cubría su clavícula.

Las tres omegas mayores miraron con fijeza la picadura, y su piel adquirió también idénticos sonrojos de un débil carmesí.

— ¡No está tan cerca de mis pezones, desde luego que no! —protestó Louis, demasiado horrorizado por el cariz de la conversación como para sentirse azorado por emplear aquel lenguaje bastante anatómico.

—No está lejos —indicó la señora Swift.

— ¿Nadie va a callarla? —soltó Harry.

— ¡Vaya! —La señora Swift se enfurruñó—. ¡Si yo nunca...!

—No —replicó Harry—. Usted siempre.

— ¿Qué quiere decir con eso? —quiso saber la señora Swift dando un codazo a lady Styles en el brazo. Al ver que la vizcondesa no contestaba se volvió a Jay y repitió la pregunta.

Pero Jay sólo tenía ojos para su hijo.

—Louis—ordenó—, ven aquí al instante.

Su hijo, diligente, se fue a su lado.

— ¿Bien? — Preguntó la señora Swift —. ¿Qué vamos a hacer?

Cuatro pares de ojos se volvieron hacia el omega llenos de incredulidad.

— ¿Vamos? —preguntó con voz débil Louis.

—No consigo entender qué tiene usted que decir en este asunto — replicó Harry.

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⏰ Última actualización: Apr 01, 2024 ⏰

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El alfa que me amo (Larry)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora