Emily y Harry Potter son gemelos inseparables, unidos por un destino marcado desde el 31 de octubre de 1981, la noche en que Lord Voldemort arrebató la vida de sus padres, dejando en sus frentes la cicatriz que ambos llevarán por siempre.
Sin embar...
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Harry
Realmente no podía creerlo.
Emily tenía tantos regalos de ese misterioso admirador, y lo que más me sorprendía era que no los hubiera rechazado.
¿Desde cuándo mi hermana acepta presentes de alguien cuya identidad desconoce?
Mi instinto protector se disparó al instante; un escalofrío recorrió mi espalda y no podía dejar de preguntarme quién sería esa persona y, sobre todo, qué intenciones tenía al enviarle todos esos obsequios sin revelar su nombre.
Me senté junto a ella, observando cómo sostenía el último regalo con cuidado, intentando dormir. Un pensamiento no dejaba de martillar en mi cabeza: no importaba cuán inofensivos parecieran esos gestos, Emily no debía exponerse a ningún riesgo así. Si esa persona tenía motivos ocultos o planes que ni siquiera podía imaginar, yo tenía que estar allí para protegerla. Siempre.
Ahora comprendía un poco mejor a qué se refería papá cuando dijo que Emily se enfrentaría a cosas que ni siquiera él y mamá podían imaginar; cosas que podrían confundirla… cosas que podrían llamarla por su nombre incluso antes de que ella supiera cuál era.
—Emily —dije con voz firme, intentando que mi preocupación no se convirtiera en alarma—, sé que puede parecer emocionante recibir regalos así, pero no podemos olvidar que no sabemos quién los envía ni qué pretende contigo. No quiero que corras ningún peligro por curiosidad.
Ella me miró, algo incómoda, pero asintió. Pude sentir su confianza en mí, y eso intensificó aún más mi instinto protector. Mientras abría el collar, no podía dejar de fijarme en cada detalle, imaginando mil escenarios distintos: que fuera un mago de Hogwarts, un muggle, alguien con malas intenciones… o alguien genuinamente bueno, como ella parecía creer.
Pero no importaba quién fuera. Mientras estuviera cerca de Emily, mi única prioridad sería protegerla, incluso si eso significaba ponerme delante de cualquier peligro sin pensarlo dos veces. Y aunque la curiosidad me picara por el misterioso admirador, lo primero era asegurarme de que ella estuviera a salvo. Siempre.
—Viendo todos tus regalos que te envió ese sujeto y que no has abierto —dije, mirando cada caja cuidadosamente envuelta debajo de su cama—, tengo que admitir que tiene buen gusto…
Emily soltó una ligera carcajada.
—Claro que lo tiene —exclamó sonriendo—. Y si no he abierto ninguno no es por despreciar su afecto, sino porque en cualquier momento que los abra tú vas a decirme que podrían tener magia negra o algún hechizo, y créeme, no lo descartaría… pero él es diferente, Harry.