¡NO DESLICES! Porfis deja aquí un emoji si esta mini nota te aparece. Lo que pasa es que estoy reutilizando esta entrada y me gustaría saber si les apareció el capítulo nuevo.
(***)
Bestia
La música sigue retumbando dentro del salón incluso varios minutos después de que la teniente se aparta de mí.
La observo abrirse paso entre soldados medio ebrios, luces rojizas y mesas abarrotadas antes de desaparecer por una de las puertas laterales del Distrito Neutro.
Por alguna razón mis ojos continúan siguiéndola incluso cuando ya no puedo verla y sé que eso es una muy mala señal.
Regreso a la barra cuando noto que una soldado se me quiere acercar. De repente ya no me encuentro de humor para bailar con alguien más.
Pido un vodka que me tomo de un solo trago y apoyo los antebrazos sobre la barra de mármol negro. Necesito dormir, o fumar, o encontrar a alguien a quien golpear. Cualquier cosa menos seguir pensando en la teniente de ojos grises que mueve las caderas como si estuviera intentando destruir mi estabilidad mental.
—Fuiste demasiado lento con la señorita —comenta el bartender con ligereza mientras seca un vaso con un trapo blanco.
Le lanzo una mirada de advertencia.
El hombre, lejos de captar la indirecta, continúa.
—Se pasó toda la noche bailando contigo y luego se fue sola. Si me preguntas, te dormiste.
Aprieto la mandíbula.
—Nadie te preguntó.
—Solo digo que las mujeres como esa no suelen esperar para siempre.
—¿Quieres conservar los dientes en tu boca? —gruño, girándome apenas hacia él—. ¿O prefieres recogerlos del piso después de que termine de golpearte?
El bartender levanta ambas manos.
—Tranquilo, coronel. Era un comentario.
—Pues guárdate el siguiente.
—Solo estoy intentando ayudar.
Suelto una risa seca.
—Me importa una verga si intentas ayudar, vender bebidas o predecir el clima. Lo que haga o deje de hacer con esa mujer no es asunto tuyo. —Golpeo la barra con la palma—. Así que termina de limpiar tus vasos y deja de meter las narices donde nadie las llamó.
—Bien.
El hombre rueda los ojos, dejando en claro que ya no buscará inmiscuirse en un problema que no le compete.
Suelto un gruñido bajo y me paso una mano por la barba, incapaz de ignorar el mal sabor que me ha quedado en la boca.
La música sigue retumbando en este lugar, los soldados siguen divirtiéndose y las peleas siguen creándose de tanto en tanto, pero ahora solo me parece ruido. Las risas, el tintinear de los vasos, el olor a alcohol derramado y perfume barato se vuelven insoportablemente irritantes de un momento a otro.
Aprieto la mandíbula.
Hace apenas unos minutos podía soportar este lugar, pero ahora siento que el aire es más pesado, que la multitud estorba y que cada segundo que permanezco aquí me pone de peor humor.
«Ve tras ella, Santiago. No la dejes ir».
La idea atraviesa mi cabeza como una bala.
Tenso la mandíbula con fuerza, molesto por el simple hecho de estar considerándolo. Sin embargo, antes de que pueda convencerme de ignorarlo, ya estoy de pie.
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Tornado (Libro 1)
RomanceSetenta y dos horas. Ese es el tiempo máximo que pueden permanecer ahí antes de volver a la guerra y también el tiempo que necesitan para convertirse en el peor error del otro. Porque entre alcohol, noches interminables, tensión acumulada y heridas...
