¡NO DESLICES! Porfis deja aquí un emoji si esta mini nota te aparece. Lo que pasa es que estoy reutilizando esta entrada y me gustaría saber si les apareció el capítulo nuevo.
(***)
Sirena
La barra de chocolate que saqué de mis chichis desaparece casi completa antes de que el coronel de ojos negros deje de mirarme como si quisiera arrebatármela de las manos.
Y honestamente, eso me está divirtiendo más de lo que debería.
Pido otro trago y me lo bebo enseguida, razón por la que pido uno más ya que el alcohol siempre es buen compañero cuando quieres apagar ciertos pensamientos que no te dejan en paz.
A veces, las sustancias más dañinas son la única anestesia que necesitas para seguir funcionando.
—Qué mal perdedor eres —repito mientras mastico un hielito.
El coronel apoya un brazo sobre la barra de mármol negro sin apartar esos ojos de mí. Son intensos, fríos y molestos, pero también son demasiado bonitos para alguien que probablemente ha enterrado cuerpos con las manos desnudas.
—No soy mal perdedor —gruñe, y una risa escapa de mi boca porque está claro que deseaba ganar.
—Claro que sí.
Saco otro hielito de mi vaso y lo muerdo ruidosamente solo para fastidiarlo. La mandíbula se le tensa apenas.
Dioses....
Nunca había visto a un hombre como él.
No es solo es su tamaño o la forma en que parece ocupar demasiado espacio incluso estando quieto. Es la sensación constante de peligro que emana, tal parece como si debajo de esa piel llena de cicatrices hubiera algo esperando el momento perfecto para romperle la garganta a alguien.
Y lo peor es que no me intimida.
Tal vez debería, pero he visto y experimentado suficientes horrores como para que esto me afecte.
El salón estalla en gritos nuevamente cuando uno de los soldados termina tirado sobre una mesa de billar. Alguien sube el volumen de la música y las luces rojizas del bar empiezan a moverse lentamente sobre el techo.
Perfecto. Necesitaba algo de distracción antes de volver a mi realidad y seguir fingiendo que todavía me queda algo de estabilidad mental.
Termino el último trozo de chocolate y dejo el envoltorio sobre la barra.
—Estuvo rica la cena.
El coronel grandote entrecierra los ojos.
—Eso ni siquiera cuenta como comida.
—Habla el hombre que solo está tomando vodka.
Una pequeña sonrisa peligrosa aparece en su boca y tal cosa me hace rodar los ojos porque eso sí debería ser ilegal. Es decir, las personas no deberían poder sonreír así porque es muy atractivo.
Espera... ¿eso quiere decir que lo encuentro atractivo? Bueno, tampoco es mentira. El coronel es muy apuesto incluso con su aspecto de vagabundo.
Me bajo de la silla antes de que mi cerebro empiece a tomar decisiones estúpidas y camino hacia la pista improvisada del centro del salón.
La música cambia de golpe a un ritmo vibrante y contagioso que grita «Latinoamérica» por todos lados. Es una de esas canciones capaces de hacer que cualquiera olvide por unos minutos el caos del mundo y se deje llevar por el ritmo.
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Tornado (Libro 1)
RomanceSetenta y dos horas. Ese es el tiempo máximo que pueden permanecer ahí antes de volver a la guerra y también el tiempo que necesitan para convertirse en el peor error del otro. Porque entre alcohol, noches interminables, tensión acumulada y heridas...
