Bestia
Lo primero que odio del Distrito Neutro es el ruido.
No es el de las botas golpeando el suelo metálico o el rugido de los aviones atravesando el cielo nocturno cada veinte minutos. No. Lo que verdaderamente me irrita es el ruido humano porque con ello vienen las risas demasiado fuertes, los vasos chocando e idiotas intentando olvidar durante setenta y dos horas que probablemente terminarán muertos antes de fin de mes.
El aire huele a cigarro húmedo, gasolina, sudor y alcohol barato, pero no esperaba más para un lugar tan... asqueroso.
Empujo la puerta principal con el hombro mientras acomodo el bolso militar sobre mi espalda. El guardia de entrada revisa mi placa apenas dos segundos antes de abrirme paso. Supongo que el uniforme de Ruzhyah sigue provocando suficiente miedo como para evitar preguntas innecesarias. Esbozo una pequeña sonrisa porque me gusta eso.
El salón principal está abarrotado de soldados. Algunos juegan cartas, otros duermen sentados sobre los sillones, mientras que otros tantos se besan en las esquinas como si estuvieran en vacaciones y no a pocas horas de subir a un avión militar rumbo al infierno que les consiguió su base militar. Las insignias se mezclan por todas partes: Vukrahnyah, Meridión, México y Asia.
Todos parecen cansados.
Todos menos yo.
Yo estoy fastidiado, sobre todo porque fue un vuelo demasiado largo donde tuve que compartir asiento con un bastardo que olía a cebolla y sobaco, y porque mi equipo tardará un poco más en llegar debido a que tuvieron problemas con su papeleo en el edificio administrativo de la FESM.
Camino directo hacia la barra de mármol negro mientras me quito los guantes negros lentamente. El frío del país que me acogió desde la adolescencia no se compara con el tremendo calor que está haciendo aquí dentro. De hecho, ya puedo sentir el sudor deslizando por mi espalda.
El bartender me observa apenas un segundo antes de servirme vodka sin preguntar qué quiero.
Inteligente sujeto.
—Pensé que ustedes solo bebían petróleo.
La voz femenina aparece a mi izquierda.
Levanto la mirada despacio e impacto con un cabello azabache recogido en una coleta alta. No negro, sino azabache. Es tan oscuro que bajo las luces amarillentas del bar parece absorber la claridad alrededor.
Y luego están sus ojos.
Son grises, pero no el gris suave de un cielo nublado. Es el gris frío del metal antes de disparar una bala.
Verga...
Mentiría si dijera que no es mi color favorito.
La pequeña bandera mexicana cosida en su chaqueta militar destaca incluso con la iluminación tenue del lugar. ¿Lo peor de esto? Ella está mirándome como si no le impresionara en absoluto.
Qué raro.
Normalmente las mujeres me sostienen la mirada menos tiempo que esto. Tal vez es la barba que no he tenido tiempo de rebajarme, o el cabello que tengo demasiado largo lo que no le llama la atención.
Tomo el vaso sin apartar la vista de ella.
—Pensé que ustedes solo hacían novelas y tequila.
La mujer sonríe apenas. No ofendida, sino peor. Mi comentario le ha causado gracia.
—Vaya, qué original.
Tiene una voz áspera, como la de alguien que fuma demasiado o pasa la mitad de su vida gritándole órdenes a otros soldados.
ESTÁS LEYENDO
Tornado (Libro 1)
Storie d'amoreSetenta y dos horas. Ese es el tiempo máximo que pueden permanecer ahí antes de volver a la guerra y también el tiempo que necesitan para convertirse en el peor error del otro. Porque entre alcohol, noches interminables, tensión acumulada y heridas...
