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Las luces parpadeaban, habían llegado a casa Gogo sonreia mientras dejaba la mochila de yami en la silla, yami se veia muy timido aún no sabia que hacer en situaciones de pareja, ni siquiera habia tenido alguna pareja y Gogo era la primera persona en ese ámbito romántico
Aunque ya llevaban un poco de tiempo juntos.

ーprepare la cena, quieres ya cenar o hacer primero tu tarea?

Gogo volteo a verlo, se acercaba cada vez mas a yami queriendo tocar su rostro con esos dedos frios, yami evito  la caricia y volteo a ver al suelo asintio con una nerviosa sonrisa.
Gogo sabia que yami no lo amaba lo suficiente como el a yami pero ni siquiera le importaba un poco.
Era demasiado ambicioso que no iba a dejar a yami para alguien más, lo unico bueno que tenia gogo era actuar bien y sonreir hipocritamente.

ーyo... No quiero cenar.

Yami dijo nervioso mirando a gogo quien lo veia tan de cerca y quien dejo de acariciar su cabello, dejo de sonreir y mostro un rostro preocupado.

ーcomiste mucho en clase?

Yami asintio, las palabras no le podían salir a pesar de que no estaba nervioso aún no sabia como expresarse, de repente todo paso tan rapido que ahora se encontraba con Gogo en su casa juntos y son pareja.

Les costaba pensarlo, todo fue tan rápido que a la vez le daba miedo.

ーamor por qué no estás hablando mucho, paso algo en la escuela?

parecía querer saber cada detalle de el.
Gogo le prestaba atención mientras seguía con los brazos cruzados, observando con seriedad mientras tenía el ceño ligeramente fruncido. Era todo lo opuesto a como usualmente actuaba con las demás personas.

-"¿paso algo en la escuela?"

Preguntó con cierto enojo en su voz, pero aún escuchandose calmado, escuchandose un poco más serio de lo normal.

Gogo esperó un rato a su respuesta, pero, conforme pasaba el tiempo se estaba empezando a impacientar más y más, su paciencia se estaba empezando a agotar quería saber qué había hecho en la escuela mientras el no estaba.

— ¿Amor? Te hice una pregunta.

Dijo con seriedad, pero aún escuchandose relativamente calmado.

—Todo bien

Yami sonrió agachando la cabeza, era incómodo como gogo le miraba aún pareciendo que no estaba satisfecho con sus palabras.

Se acerco más, sintió un beso calido en su cabeza y cómo la mano de gogo tocaba su espalda de arriba hacia abajo con un dedo jugando.

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El sonido de la lluvia empezo a llenar todo el silencio, Goteaba en el marco de la ventana, en los charcos del patio, en el cristal que separaba la noche del cuarto donde ellos dos estaban. El olor a tierra mojada se mezclaba con el del café frío que Gogo había dejado sobre la mesa desde hace horas incluso si Hami no quería nada de tomar o comer, ya habian pasado algunas horas de que seguian con los trabajos que faltaban por terminar.

Yami estaba sentado en el borde de la cama, con una pluma entre los dedos, sin saber si hablar o no. Gogo, frente a él, tenía esa sonrisa floja que solía usar cuando iba a decir algo que dolía.

—¿Te acuerdas de aquella vez que me dijiste que no te gustaba? —empezó Gogo, mirándolo con ojos tranquilos—. Fue chistoso… porque al día siguiente terminé en el hospital.

Yami levantó la mirada. Sintió el cuerpo helado, era la segunda vez que Gogo hablaba de ese tema en el día, como si de pronto todo el aire se hubiera ido del cuarto.
Gogo se echó a reír, inclinándose un poco hacia adelante.
—Tranquilo, no te pongas tan serio. Fue una broma.

Pero no lo era. Se notaba.
Yami podía sentirlo en la forma en que Gogo lo miraba, en ese brillo que se escondía detrás de los ojos.

—No deberías bromear con eso, Gogo —dijo por fin, en voz baja.

—¿Y por qué no? Si igual fue culpa tuya —contestó, sonriendo—. Digo, si no me hubieras rechazado, tal vez no habría terminado así.

Yami apretó las manos.
—Ya te pedí perdón.

—Lo sé, lo sé. —Gogo se encogió de hombros, riendo despacio—. Pero es divertido recordarlo, ¿no crees? Me gusta ver tu cara cuando lo menciono.

El encendedor que Gogo tenía en manos empezó a sonar. Clic. Clic. Clic.
El fuego iluminaba de golpe la habitación, dejando ver los ojos rojos de Gogo reflejando la llama.

—Sabes —continuó él—, creo que en el fondo siempre te importé más de lo que decías. Si no, ¿por qué sigues aquí?

Yami tragó saliva. No tenía respuesta.
Su pecho dolía un poco, no sabía si por rabia o culpa.
—Porque eres importante para mí —dijo, casi sin voz.

Gogo se rió. Una risa liviana, pero que sonaba rota por dentro.
—Eso dijiste antes de que me mandaras al carajo.

Yami lo miró, intentando encontrar algo de ternura detrás de sus palabras, pero lo único que encontró fue ironía.
Gogo se levantó, caminó hacia él, y con una voz más suave, casi dulce, añadió:
—Tranquilo, solo estoy jugando. Pero a veces pienso que si no hubiera pasado eso, tú y yo ya seríamos perfectos juntos.

Lo dijo sonriendo, pero Yami sintió el estómago apretarse.
Las palabras pesaban más que cualquier disculpa.
El ambiente se sentía espeso, cargado, como si la lluvia de afuera también cayera adentro del cuarto.

Gogo se inclinó un poco, con esa sonrisa cansada.
—No te vayas, ¿sí? No quiero volver al hospital.

Yami no supo si reír o llorar.
—No digas eso.

—¿Qué? —rió Gogo—. Es broma, Yami. Solo una broma.

Pero la forma en que lo dijo… no sonó como una.

La lluvia siguió golpeando las ventanas, y el corazón de Yami también.
Ambos se quedaron en silencio, respirando ese aire cargado que ya olía más a miedo que a amor.

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⏰ Última actualización: Nov 01, 2025 ⏰

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