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capítulo 3

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Anika:

Todavía no entiendo cómo entraron al bar de mi hermano. Parece que hay una rata entre nosotros. A mi izquierda tengo a Damián y a mi derecha tengo a Elizaveta. Atrás está Ares y a su lado está Adrik. Todos estamos armados y todos tenemos unas sonrisas que hacen que los enmascarados se detengan y nos vean.

Hay uno que no tiene nada en el rostro. Es alto y calvo y tiene una cicatriz desde la cabeza hasta la mandíbula. Qué asco. Tiene la mitad del rostro deforme y usa un parche en el ojo. Imagino quién le hizo eso. Le arruinó la vida al pobre.

Se acerca a nosotros y cuando se para frente a mí, Damián me jala a su lado.

—Tranquilo, hombre. Solo vine a ver a la famosa pantera —sonríe y tiene los dientes amarillos y su aliento es asqueroso— es más sexy en persona.

—Hueles a muerto —dice Damián y sonríe—, de verdad hueles a muerto y no solo por tu asqueroso aliento.

El calvo vuelve a hablar y por su acento deduzco que es alemán. No entiendo qué hacen estos malditos en Rusia. No tenemos ningún trato con estos alemanes de mierda.

Volteo a ver a Elizaveta y solo con la mirada ya sabe qué hacer. Adrik y Ares también.

Vuelvo a ver al calvo.

—No debieron venir acá.

En ese momento Elizaveta le dispara a tres enmascarados en la cabeza y Adrik y Ares matan a tres más cada uno. Damián sonríe y dice:

—Bueno, que empiece la fiesta.

Agarro al calvo por el cuello y le clavo mi daga en el hombro. Con mi arma le disparo en las piernas. Cae al suelo y Damián termina de matar a los cinco enmascarados que quedaban.

Todos nos quedamos frente al calvo, que ahora está en el piso retorciéndose de dolor.

—Qué mierda hacen los alemanes aquí en Rusia —empiezo a darle vueltas a la daga y él grita—, no tienen nada que hacer en este lugar.

—E-el jefe quería que hiciéramos acto de presencia para que estén al tanto de nosotros —empieza a sollozar— b-basta, por favor.

—¿Quién mierda es tu jefe y qué es lo que quiere? —saco la daga y respira aliviado, vuelvo a clavar la daga y grita—

Cuando estaba empezando a decir algo recibe un disparo en la cabeza de un hombre que quedó vivo y luego se dispara él mismo.

—Mierda, ahora mi lindo vestido está lleno de sangre.

—No te preocupes, diavolessa. Te puedo comprar mil más —dice Damián y me río internamente.

—Bueno, chicos, es hora de limpiar este gran desastre —dice mi hermano a sus hombres, que no se movieron de sus puestos—, y manzanita, tenemos que ir a hablar con padre.

—Padre vuelve mañana de Italia, tenemos que esperar.

Eli se acerca y me abraza.

—Estos malditos alemanes nos arruinaron la noche —pega sus cachetes a los míos y empieza a llorar falsamente—, ahora me debes otra salida.

De verdad que no puedo con esta rubia. Es un caso perdido, pero así la amo.

—Sí, Eli. Tenemos otra salida que planear. Estos malditos no pueden arruinar nuestra fiesta.

—Bueno, hora de irnos a casa.

—Nadie va a hablar de que unos malditos alemanes entraron en nuestro territorio —dice Ares. Odia a todos los alemanes. Una vez se enamoró de uno y le puso los cuernos con otro alemán. Mi sexy rubio es bi—. Sucios alemanes de mierda.

Oscuro Deseo. (En edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora