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capítulo 12

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Anika
.

Luego de la noticia de que Damián está desaparecido me calmé un poco.

Le pedí a Margaret que me hiciera la maleta para irme a Italia. Tengo a Adrik detrás de mí, nervioso.

—¿Qué es lo que quieres? —le digo exasperada— ¿por qué nadie me había dicho nada? Todos lo sabían, excepto yo.

Suspira cansado antes de hablar.

—Solo lleva cuatro días desaparecido. Seguramente tiene todo bajo control. Él no se dejaría atrapar así de fácil.

Sí, eso lo sé. Damián jamás se dejaría atrapar así de fácil y eso es lo que me preocupa. Es muy impulsivo y también calculador, pero no le importa ponerse en peligro de muerte para lograr lo que quiere y eso es lo que más me preocupa.

Agarro mi celular y le marco a Albert.

—Dígame, señorita —contesta.

—Necesito que mandes a preparar el jet. Partimos a Italia en veinte minutos.

—Entendido.

—Ah, y Albert. Que Fabio y Sian estén preparados también.

—Sí, señorita.

Cuelgo y volteo a ver a Adrik. Elizaveta viene junto a Ares.

—Sé que él no se dejaría atrapar, pero tenían que avisarme. Damián es un lunático y por hacer lo que quiere no le va a importar salir casi muerto de ahí.

—Vamos contigo —dice la rubia.

—Ok —miro mal a su hermano y este solo me ve arrepentido— traidor.

—Lo siento, manzanita —se acerca a abrazarme— no estábamos seguros y no podíamos decírtelo todavía.

Margaret viene con mis cosas listas y me las entrega. Veo que también bajan equipaje de los chicos y me sorprendo.

—Veo que ya sabían que les diría que sí.

—Bueno, hermanita, si nos decías que no igual íbamos a convencerte.

—Hora de irnos. No perdamos tiempo. Sabrá el diablo dónde debe estar ese imbécil.

Todos salimos y nos subimos a los autos. Ares va conmigo y Elizaveta subió con Adrik.

Fabio va manejando y de copiloto le sigue Sian. Albert debe estar en el aeropuerto.

—Oye, sé que te preocupa Damián. Pero sabes que no le pasará nada. El imbécil tiene algo planeado.

—Lo sé, pero no quita que le pueda pasar algo. El maldito no es inmortal.

Llegamos al aeropuerto y efectivamente Albert ya está aquí. Bajo y Eli y Adrik vienen llegando también.

Me dirijo a donde está Albert y este manda a subir nuestro equipaje.

—Buenas tardes, señorita. Ya está todo listo.

—Muchas gracias, Albert.

Todos nos subimos y Ares se sienta a mi lado.

—Esos dos tienen una tensión extraña a su alrededor. No quiero estar cerca.

Giro a verlos y parece que quieren saltar encima del otro y matarse.

Veo por el pasillo a una azafata que viene arreglándose los pechos y parece que se le van a salir. Qué horror.

Se acerca a ellos y literalmente le pega los pechos en el rostro a Adrik y este pone mala cara.

—¿Desea algo, señor? Puedo ofrecerle lo que usted quiera.

Oscuro Deseo. (En edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora