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capítulo 4

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Anika.

Definitivamente odio este juego. Iba a responder cuando un disparo tumbó la puerta. Todos nos pusimos de pie y apuntamos nuestras armas a la persona que entró, y esa persona era nada más y nada menos que Vladímir Romanov. Y estaba muy furioso. Bajamos nuestras armas y él se acercó dando grandes zancadas y le disparó a mi hermano en el brazo.

A Adrik casi se le sale el alma del cuerpo. Literalmente chilló y se agarró el brazo.

—Padre, pensé que llegarías mañana en la noche —dice Adrik a nuestro padre.

—Maldito mocoso, te voy a matar —papá agarra a Adrik del brazo herido— sabes que estuve dos horas esperando por ti.

Adrik lo mira como tonto, sin entender lo que dice, y creo que a papá le dará un infarto de verdad.

—Padre, nunca fui informado de que llegarías esta noche —padre le suelta el brazo y respira.

—Cierto, olvidé avisarles —dice papá mientras ríe— se supone que llegaría de sorpresa. ¡Sorpresa!

Adrik ve a papá con cara de pocos amigos y los chicos empiezan a reírse, excepto Damián, que nos ve a todos con aburrimiento, y Adrik, que nos ve con cara de querer matarnos.

Papá se gira hacia donde estoy yo y me da un abrazo que no me deja ni respirar.

—Моя маленькая пантера, te extrañé. 
Mi pequeña pantera, te extrañé.

—Yo también te extrañé, смерть. 
Yo también te extrañé, Muerte.

Eli se está burlando de Adrik y él la está maldiciendo en voz baja. Papá lo ve y le pega un manotazo en la cabeza.

Papá abre los brazos hacia Eli para que se acerque y ella viene y se nos lanza encima. Se une al abrazo.

Eli es hija de Igor Petrov, el vor y mano derecha de papá. Para Eli, Vladímir es su segundo padre, y para papá, Eli es como una hija.

—Hola, mocosa horrible.

—Hola, viejo horrendo.

Adrik nos ve con cara de pocos amigos.

—Genial, a mí me recibes con un tiro y a ellas les das abrazos —dice Adrik refunfuñando— el amor paternal tan lindo.

—Cállate, mocoso, y ve a que te limpien el brazo —le dice papá a su hijo y Adrik se va como niño pequeño.

Papá se separa de nosotras y Ares se acerca a darle la mano.

—Boss, lo extrañamos —dice Ares.

—Hola, mocoso. Yo no te extrañé para nada.

Dice papá y nosotras nos reímos mientras Ares nos ve con los ojos entrecerrados.

Papá se gira hacia donde está Damián y este le da un asentimiento de cabeza.

—Romanov.

—Rinaldi —dice papá.

—Papá, pensé que llegarías mañana en la tarde.

—Yo también pensé lo mismo, pero me enteré de que alguien atacó a mis hijos en nuestro territorio —dice papá, serio.

Bravo, ahora está molesto porque no le avisamos al momento. Ok, me van a matar hoy.

—Papá, iba a decirte mañana. No quería que te preocupes por algo tan insignificante. Además, nosotros nos encargamos del asunto.

—No me interesa si es algo insignificante. Nadie puede venir a mi territorio y atacar a mis hijos. Voy a mandar a bombardear Alemania.

Abro mucho los ojos y veo a Damián, que tiene una sonrisa en la cara.

—Eso ya lo hice hace media hora, boss —dice Damián con una sonrisa que me pone los vellos de punta.

Papá lo ve con una sonrisa de puro orgullo y le da una palmada en el hombro.

—No esperaba menos del diablo italiano.

—Nadie puede venir y querer lo que me pertenece —dice Damián, viéndome fijamente— todo aquel que desee lo mío morirá.

Sé que es un psicópata y está mal de la cabeza, pero eso que dijo me hizo sentir un escalofrío. Envió una corriente por todo mi cuerpo y siento que mojé mis bragas.

—¿En qué momento bombardeaste Alemania?

—Cuando salimos de Inferno —dice sin quitar la mirada de mí— y todavía faltan más bombas.

—Bueno, es hora de bajar. Tu madre está como loca, pequeña pantera.

Veo a papá y asiento. Seguramente madre está en crisis y, si vio a Adrik, creo que papá dormirá en el piso esta noche.

—¿Estás seguro de que quieres bajar? —le digo con una sonrisa— mamá no estará nada feliz de ver a su bebé sangrando.

Papá se pone pálido y yo solo me burlo de él.

—Bueno, viejo, ya te llegó tu hora —dice Eli muerta de risa.

Papá la mira con cara de pocos amigos.

—Mejor nos quedamos un rato más aquí. El ambiente del cuarto de juegos es muy lindo.

—Es hora de bajar, papá —digo soltando carcajadas junto a Eli y Ares.

Papá me ve mal y asiente.

—Soy el boss de la Bratva. Una pequeña mujer italiana no me asusta —se dice a sí mismo tratando de tranquilizarse.

Ni él mismo se cree eso. Papá puede ser la persona más sanguinaria que puedas conocer, pero con su familia es diferente. Y no lo culpo por tenerle miedo a mamá. Todos le tenemos miedo a mamá.

—Claro, creo que a tu esposa le gustaría saber lo que acabas de decir —papá abre los ojos y creo que se le van a salir.

—No pienso que me traiciones de esa manera, Ekaterina.

Empiezo a reírme y todos caminamos a la puerta, o bueno, a lo que queda de ella.

Salimos del cuarto de juegos y bajamos más escaleras. Al llegar escuchamos unas voces en la cocina. Llegamos a la cocina y vemos a mamá, a Adrik y a nana.

Mamá nos escucha llegar y gira su cuello como la niña del exorcista. Papá se queda tieso y la mira como cachorro triste.

Se ve que mamá está muy enojada. Mi madre se llama Andrea, es italiana. Papá la rescató cuando mamá tenía 17 años. Ella estaba en un orfanato donde entrenaban a los niños para ser asesinos. Papá tenía 20 años cuando la vio por primera vez y desde ahí se quedó flechado por ella.

Mamá es una hermosa pelirroja de ojos grises con pecas. Tiene un cuerpo de infarto. Es la mujer más hermosa que mis ojos pueden ver.

Papá es un hermoso pelinegro de ojos azul celeste. Es alto y musculoso. Todo el que lo ve, solo con su mirada fría y cuerpo gigante, le teme. Pero con nosotros es como un cachorro pequeño.

Y con mamá... bueno, con mamá es un tonto enamorado, claro está.

—Vladímir Romanov, ¿se puede saber por qué carajos le disparaste a mi bebé? —Adrik ve a papá con una gran sonrisa y papá ve a mamá con miedo.

—Bueno, muerte, es hora de correr por tu vida —papá me ve y asiente.

—Adiós, mundo.

No puedo parar de reír. Definitivamente mi familia no es nada normal.

Siento una mirada sobre mí y cuando giro mi rostro veo a Damián mirarme fijamente. Creo ver un brillo en su mirada, pero luego desaparece.

Seguimos viéndonos fijamente hasta que vuelvo a escuchar la horrible voz de Verónica:

—¡Tío!

—Creo que hoy mataré a mi prima.

Oscuro Deseo. (En edición)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora