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Mutual agreement - 23 Years

Los calcetines de Arthur eran un desastre, por más que le dijera que lavara él mismo su ropa, la dejaba desparramada en cualquier lugar de la casa y esta mañana había encontrado un par de sus calcetines dentro de la alacena

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Los calcetines de Arthur eran un desastre, por más que le dijera que lavara él mismo su ropa, la dejaba desparramada en cualquier lugar de la casa y esta mañana había encontrado un par de sus calcetines dentro de la alacena.

-¡Arthur, llegarás tarde! -le grité.

Era su primer día de trabajo y ya iba tarde. Le había contagiado el germen de la impuntualidad y eso no era bueno, porque Arthur era muy estricto consigo mismo cuando las cosas le salían mal.

-¡Arthur, despierta ahora o te llevaré a Lana! -en menos de un minuto se encontraba de camino a la cocina, aún medio dormido, en pijama y descalzo.

Ya no quedaba rastro del Arthur de hace unos años, en cuanto entró a la Universidad se había obsesionado con el ejercicio, y a pesar de que lo dejó al mes, ahora comía saludablemente y salía a trotar todas las mañanas.

Muchas veces me había invitado, pero no pudo convencerme de abandonar la comodidad de las sábanas hasta que un día mencionó a una tal "Melanie", una chica de 19 años que corría junto a él por las mañanas y que estudiaba en la misma Universidad.

Eso fue más que suficiente para que comprara un equipo deportivo y a las 6 de la mañana estuviera despierta y preparada para correr kilómetros con tal de alejar a esa arpía.

Sin embargo, mi plan no había funcionado muy bien. A los cinco minutos estaba exhausta y me faltaba el aire, Arthur cargó conmigo hasta la casa -Sólo habíamos corrido tres cuadras -y me dijo que, si no quería, no corriera.

Supuse que después se dio cuenta del por qué lo había hecho y dejó de correr en las mañanas, para hacerlo en la tarde.

A veces lo acompañaba, aunque yo iba en bicicleta a su lado.

Sabía que Arthur necesitaba levantarse temprano todas las mañanas porque al final nunca había aprendido a conducir bien un auto, el primer año de casados chocó dos autos y mi padre se aburrió de comprar un auto tras otro.

Así que le ofreció una moto y con eso Arthur estuvo muy bien.

Hasta que les dijo que estaba estudiando.

A mi padre casi le dio un ataque, consideraba que Arthur tenía mucho potencial y que no podía desperdiciarlo de esa manera.

Él quería que Arthur se hiciera cargo del negocio de mi familia, aunque papá ya tenía a Charlotte que era más que suficiente para que el negocio prosperara.

Mamá no se lo había tomado tan mal, aunque podía notar que al igual que el resto, esperaba mucho más de Arthur.

Pascale, su madre, estaba feliz, si su hijo cumplía sus metas, eso era más que suficiente.

Y yo, no podía estar más orgullosa de él, sabía que sería un excelente profesor.

Entró a la cocina y besó mi mejilla, me abrazó por la espalda y pegó su cuerpo al mío. Besó mi cuello como todas las mañanas y escondió su rostro en mi cabello, que ya lo tenía tan largo que me llegaba hasta la cintura.

MARRY ME / Arthur leclercDonde viven las historias. Descúbrelo ahora