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La observé, pero no pensaba en ella, tal vez si mentí, le mentí, porque en realidad no me ponía nervioso ante su presencia, ni cuando me llamaba o cuando me abrazaba. Solo pensaba en él. Y me odiaba por eso.

Mary volvía a hacer sus típicos monólogos, mientras yo me quedaba escuchándola, no pareció darse cuenta, mi mente estaba en otro lado.

¿Y si le volvía a hablar? Quizá él y yo podríamos resolver nuestras diferencias como buenos amigos. Cuando salí de mi burbuja, Mary me analizaba, para luego reírse.

―¿Nos vamos?―Mary entrelaza su brazo con el mío.

Recorremos un poco más el lugar, y para mi (mala) suerte, nos encontramos con Bobby y... Max.

―¡Bobby!―saluda Mary y yo tenía ganas de salir corriendo, porque bendito el día en que hice que los conociera a ellos también.

―Ho-hola, Mary, hola, Bradley.

Asiento, mirando a otras partes, queriendo que mi novia se diera cuenta, sin embargo estaba enfrascada en su conversación con Bobby, hasta que se le ocurre preguntar:

―¿Y tú quién eres? Jamás te he visto con los chicos y Brad...―se queda callada y vuelve a hablar―; quiero decir, Bradley.

Miré a Max por un segundo, ¡se había sonrojado! Era tan... patético, sí. 

―Uh... ¡ah! Si, si, soy Max, yo... volví a venir aquí porque quise... q-quise recorrer el mundo.

Max me mira igualmente, aparté los ojos rápidamente, quería evitarlo a toda costa, tenía que decirle a Mary de una forma no grosera. 

Ellos siguieron hablando por unos minutos más.

―Debería invitarlos a casa, porque bueno, quiero conocer más a Max y porque estaría genial cenar todos juntos―propone Mary.

Mierda. Eso significaba soportar a Max durante horas, y yo ni siquiera me había recuperado del alcohol, eso haría ponerme en ridículo. No, tendría que hablar con Mary, bueno, decirle que no quería aquello porque no me llevaba bien con él.

...

La noche estaba siendo interminable para mí, desde luego que estar en casa con mi madre me asfixiaba, bueno, era aquella casa la que hacía eso. Las fotos enmarcadas en la pared formaban un inquebrantable nudo en mi garganta. No quería estar allí. Ni siquiera me importaba que mi padre estuviera enfermo. 

Fui a sentarme en el sofá, las llamas de la chimenea me daban calor, sudé de los nervios, las vibras que daba volver a mi antigua casa sin Max era sofocante. Pero no quería admitir que en cierta parte extrañaba como me calmaba al venir aquí. 

Escuché el ruido de los escalones, no me moví, porque no me interesaba si mi madre me decía el estado en el que se encontraba mi ''padre''. 

—Brad, cielo—mi madre me llama con esa tediosa voz dulce que odié desde que cumplí dieciséis—Tu padre se encuentra estable por suerte.

Asentí, fingiendo una sonrisa. Ella se sienta junto a mí, ninguno dice nada, solo escuchamos el ruido del fuego. Nunca entendí porque mi madre había vuelto, tal vez no le interesaba mi padre, ella solo quería el dinero, y, a mí no me molestaba, me daba igual aquello. 

—¿Quieres... quedarte aquí? Podemos desayunar juntos mañana, si quieres puedes llamar a tu novio.

Me aturdí, mis mejillas se siente calientes, me doy cuenta que no le había que ya no era así, miré a mi madre y fruncí el ceño.

—Ya no estoy con él, madre. Yo... estoy con una chica ahora.

Trague saliva. Ni yo me lo creía. Mi madre deja escapar un inaudible ''oh'', desviando la mirada, asiente, yéndose. Sin embargo suponía que ella me conocía y sabía muy bien que estaba dándole un gran mentira.

Me encerré en mi habitación. Comencé a llorar, me lo podría merecer, no era así como quise terminar realmente. Mi teléfono vibraba, pero yo no pensaba responder, ni aunque fuera Mary, tal vez en alguna parte de mi corazón la amaba, pero no de una forma romántica. Porque ella nunca podría hacerme sentir igual a Max.











Ok, perdón que haya tardado, estuve ocupada con la escuela, 

pero ahora tendré más tiempo de escribir.

Bueno, eso creo.

Díganme que les parece.

Chaoo, cuídense <3

Promise. // Maxley. (Max x Bradley)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora