4.

39.3K 2.3K 232
                                        


Elizabeth


De su boca no salió otra palabra; simplemente se marchó, dejándome ahí en la terraza. Fue la peor noche de todas. Espero no haberla arruinado para mi padre. Entra Dania abriendo las ventanas; el sol me ciega unos instantes y me coloco la sábana con un gruñido.

—Levanta ese hermoso culo en este instante —murmura, jalando la sábana—. ¿Sabes qué día es hoy?

—No, lo único que sé es que quiero seguir durmiendo.

—Bueno, hoy es trece de julio, tu cumpleaños —me quita la sábana. Observo que trae un bañador encima del vestido playero—. ¿Por qué te ves tan jodida?

—Me veo bien —me froto los ojos, observando que aún tengo el maquillaje—. Quiero dormir todo el día.

—¿Qué?, ¡no! —intenta levantarme—. Hoy es tu día, no tendremos tiempo para arreglarte.

—No quiero ir.

—Mira, buscaré a un chico de tu edad que te quiera romper este coño, pero no te pongas triste, eres hermosa — Ella me toma de las mejillas.

—No todo es coger, Dania —me pongo de pie—. No quiero otra humillación. Ayer escuché murmullos sobre mí.

Recuerdo haber escuchado a una mujer de mediana edad contándole a su amiga que él me había cambiado por otra porque descubrió que era infiel, o a un grupo de hombres diciendo pestes de mí. Hoy no quiero eso.

—¿Cuándo te ha importado lo que diga la gente? —se aleja dándome la espalda—. La prestigiosa Elizabeth Kowalczyk preocupada por absurdos chismes que ni son verdad. ¿Qué hiciste con mi amiga?

Odio que tenga razón; yo no soy así. No me importa el qué dirán. Una parte de mí no quiere ir hoy por el miedo de que ya me haya descubierto o tal vez intente ponerme en duda.

—Está bien, el día será largo y más te vale hacerme olvidar toda esta mierda —voy hasta mi maleta y tomo un bikini negro que me encanta.

—Esa es mi chica. Te espero; tómate todo el tiempo que necesites.

Hago mi rutina de todas las mañanas. Observo mi figura enfrente del espejo; opté por dejar mi melena suelta, que me llega más abajo de la cintura. El bikini hace que mis pechos se vean increíbles. Nunca me lo había puesto por lo insegura que me hacía sentir, pero hoy quiero ser más valiente. Me coloco una falda playera y le modelo a Dania.

—Sexy —silba cuando me doy la vuelta—. Muy sexy. Lástima que no quiera arruinar la amistad.

Tomo su mano para que salgamos. Hoy Tom está de descanso, así que no hay nadie que nos siga. Platicamos hasta llegar a la parte de la piscina, donde ella se tira a la tumbona.

Yo me deshago de la falda para hundirme en el agua. Está como me gusta; ni tan fría pero tampoco caliente, en su punto perfecto. Siento que alguien me está mirando, pero a simple vista no veo a nadie. Me hundo, aguantando la respiración.

Después de unos minutos, subo los escalones para salir y me coloco al lado de Dania, quien se quita los lentes.

—Me estás mojando —intenta apartarme—. Maldita.

—¿Por qué tan gruñona? —agarro unos mechones y los aprieto para mojarla—. Espérame aquí.

—Por esta vez lo soportaré porque eres la cumpleañera.

Me dirijo a la sección del restaurante para pedir algo de comer, ya que muero de hambre, pero con una fuerza me jalan del brazo, metiéndome al baño.

—¿Por qué no te cansas de joderme? —se acerca y yo doy un paso atrás.

Lo inmoral ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora