Capítulo 3. No te soporto.

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Jueves por la tarde.

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—¿Sabes? A veces siento que si fuera un mono podría volar.

Jason y Archer se rieron mirándose entre sí mientras yo le pegaba un sorbo al vodka.

—Y yo sería un mapache para robarme a la madre de Jason.

Jason se río del comentario de Archer; yo no fui capaz, deseaba tener una madre como la de Jason, así que le pegué otro sorbo, un poco más largo, al vodka.

Archer se levantó.

—Voy a ver si encuentro a Lara.

—¿Quién era esa? —soltó Jason.

—Era su prima, ¿no? —me reí.

—Es mi novia, venga ya.

Jason y yo nos miramos y estallamos en risas; Archer suspiró y se pasó una mano por el pelo.

—Tenéis un pedo que flipáis.

Archer se fue y yo me quedé sentado bebiendo vodka junto a Jason.

—¿Tú mañana no tenías que ir al refugio a ver las estrellitas?

—Sí, ¿por qué?

—Porque no entiendo por qué vas ahí, ¿para conectar con tu mejor amigo que se suicidó? No le veo la diversión, mejor ven con nosotros de fiesta —bromeó tomando otro sorbo.

Yo me levanté, le agarré del cuello de la camisa y lo levanté para pegarle un puñetazo.

—Eres un cabrón, Jason.

Él se rio y yo miré mis nudillos; estaban rojos.

—Me piro a casa, no me escribas.

Jason me miró y se volvió a reír, como si no le importara su comentario.

Como si no le importara cómo me sentía.

Como si yo no le importara.

Llegué a casa, pedí un taxi y el resto no lo recuerdo, solo sé que estuve a punto de vomitar y la chica del Uber me dio su número de teléfono (se quedó flipando cuando le dije que no tenía redes sociales) porque le parecí mono y le gustaban mis pecas. Luego me bajé, vomité en el primer árbol que encontré y subí a casa, donde me cayó una bronca y alguna que otra bofetada.

Me tumbé en mi cama y me puse a reír porque el hielo que me puse en la mejilla para que no me saliera ningún morado estaba frío; yo sabía muy bien que quería llorar, pero no me salía ni una lágrima. Me dormí, aunque he de decir que me levanté un par de veces a vomitar.

Por la mañana me comí, a escondidas, dos magdalenas y un poco de agua y salí a correr.

Estuve una hora y media corriendo para despejar la mente, al volver, me di una ducha y preparé todo para ir al refugio: una mochila con ropa de repuesto, algo de picar y mis gafas de sol.

Mis padres no estarían todo el fin de semana, así que comería hasta hartarme, aunque se iban en media hora al aeropuerto por viajes de trabajo, aunque yo sabía que no era así, querían librarse de mí, quién sabe, quizás se iban a las Bahamas.

Quedaban dos horas, quizás ya era hora de salir de casa e ir hacia el refugio. Había acordado que Jane me llevaría, que es quien dirige todo ahí, nunca supe el porqué, supongo que porque tenía dinero. Con dinero puedes tener el control del mundo, algo que yo no tendría nunca y ya había asimilado, no me dolía aceptarlo. Para mí el dinero era papel, y papel podía tener todo el mundo lo que el papel con cifras no podía tenerlo todo el mundo, si lo piensas bien, no tiene sentido.

Bajo las Estrellas PerdidasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora