Capitulo: CINCO

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Efectivamente, Kai no estaba en casa cuando ambas llegaron. La parte difícil fue convencer a Rebecca, porque salió de la pizzería dispuesta a tomar un camino distinto y cumplir la amenaza de comerse la pizza sola, incluso tuvo la delicadeza de dar me día vuelta, abrir dramáticamente la caja y levantarle a Freen el dedo medio después de ‹‹sacarlo›› de la caja. Sólo hubo que seguirla cuatro calles y cuando finalmente la alcanzó, le prometió que había algo para ella, y debía acompañarla. 

Así, llegaron a casa de la menor, con una pizza fría y una Rebecca confianzuda que apenas puso un pie dentro, se dirigió al refrigerador para buscar una cerveza. 

──No hay, Beck ──responde desde la sala Freen, a sabiendas de qué busca su amiga apenas escucha el ruido de la puerta ser abierta──. No hubo ayer, no habrá hoy. 

──Debería, se supone que me conoces. ──cierra la puerta, sinceramente decepcionada, para salir a la sala donde Freen está sentada en el sofá. 

El sofá. 

──Y también se supone que me importas, por eso no fomento tus vicios. 

Rebecca pone cara de asco. 

──Demonios, hablas como una madre, Freen. 

Freen sonríe, cruzando ambos pies bajo su trasero. 

──Me gusta pensar que muy dentro de ti, te gusta que me preocupe por ti. 

──Un poco, tal vez ──Rebecca evade lo anterior dicho, porque le pone incómoda admitirlo y además, todavía no se acostumbra a eso de que le guste Freen de otra forma──, ¿Vas a darme lo que sea que tienes para mi o me puedo ir? 

──Te lo daré, sí, pero antes quiero algo. ──Freen palmea el reposabrazos del sofá. 

──No voy a sentarme ahí. 

──¿Eh? ¿Qué tiene de malo? 

──Que me tienes en abstinencia desde hace tres meses y ahí sucedieron cosas ──señala el sofá con la cabeza, cruzada de brazos──. Y yo no soy de hule. 

Freen se suelta a reír con ganas, mientras Rebecca se molesta más y más a cada segundo. Renuente, no se mueve de su sitio hasta que la menor se pone de pie, con las manos al cielo en señal de paz. 

──Vale, tu ganas. Siéntate ──Freen señala el sofá ahora vacío──, Beck... Confía en mí. 

Rebecca en serio trata de mantener la expresión estoica y firme, pero Freen le pone esos ojos de cachorra, esa boquita en puchero y efectivamente, ella no es de hule, así que acepta y se deja caer al sofá de mala gana, con las piernas abiertas y los brazos cruzados. Freen sonríe victoriosa y se sienta junto a ella, con la peculiaridad de estar sobre las piernas de Rebecca. La menor enrosca los brazos al rededor del cuello de la mayor, con esa dulce y bonita sonrisa todavía en el rostro. Rebecca lleva ambas manos a la espalda de Freen, mirándola con detenimiento, sin esa expresión de molestia permanente que normalmente carga. Sus párpados relajados, sus ojos brillantes recorriendo las facciones de la menor y sus labios ligeramente curvados hacia arriba, mientras pasa los dedos por la espalda baja de Freen. 

──¿Qué pasó con eso del trato y tus patrañas? 

La menor se encoje de hombros. 

──Esto es chantaje puro, te estoy secuestrando y no te has dado cuenta. 

Rebecca alza una ceja, una sonrisa divertida en su rostro. Sus dedos bajan un poco, delineando el interior de los muslos de Freen bajo aquella falda. 

──¿Ah, sí? ──la menor asiente con los ojos cerrados──. Puedo levantarme y llevarte conmigo, y entonces, tu plan habría fallado rotundamente. 

Rude Girl (Beckfreen)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora