No creo que la gente me ame. Les encantan las versiones de mí que he hilado para ellos, versiones mías que han construido en sus mentes. Las versiones fáciles de mí, las partes fáciles de amar.
—Desconocido.
Tres meses antes.
—Llegarás tarde, otra vez.
Alexia no escucha la voz de su madre, sus auriculares reproducen música a un volumen extremadamente alto, aunque no puede evitar notar la expresión de enfado en el rostro de Marice: cejas fruncidas, mandíbula tensa y dientes rechinando.
La mujer decide arrancar los auriculares de los oídos de la joven, haciendo que su celular caiga al suelo y finalmente captando su atención.
—Estás atrasada, ¿Qué estás haciendo?
—Buenos días para ti también. Estoy dándome ánimo para sobrevivir otro miserable día de mi existencia, ¿Me permites?—responde, recogiendo su celular del suelo y agitando un auricular.
Recibe una mirada incrédula como respuesta.
—¿De qué estás hablando?—pregunta su madre, claramente sin ganas de escuchar la explicación de su hija, que sabe de antemano la irritará.
—Escuchar música al despertar ayuda a tener un mejor día, lo vi en un video—responde, volviendo a mirarse en el espejo y comenzando a peinar su cabello.
—Ah, claro, olvidaba lo miserable que eres trabajando cuatro horas al día, cuatro días a la semana.
—Atender a esos petulantes es agotador, todos son groseros y parecen no haber aprendido a decir “Por favor” y “Gracias”.
Se detiene a reflexionar sobre lo mal que lo ha pasado desde que empezó a trabajar en esa cafetería, apenas hace un mes pero siente como si hubieran pasado años. El trabajo era monótono y no entendía la variedad de bebidas calientes que vendían, ¿No era el café simplemente café? ¿Quién inventó tantos nombres ridículos?
Aunque tal vez esté exagerando un poco, la obligación de mantener ese trabajo le parecía una gran injusticia. Su madre estaba equivocada al hacerla prometer eso. Aunque es cierto que solía cambiar de trabajo cada dos meses, ya sea porque la despedían o porque renunciaba, no era un patrón, solo casualidades. O eso se repetía en su mente.
Se propuso demostrar que podía hacerlo, trabajaría en esa cafetería nefasta por al menos dos meses y un día. Estaba decidida a lograrlo.
Terminó de peinar su cabello, encontró una liga en el suelo y se hizo una cola de caballo desprolija, dejando algunos mechones sueltos para darle un toque despreocupado.
—Solo apresúrate—dijo Marice, dando por finalizada la conversación y salió de la habitación.
Alexia se quedó mirando su reflejo un momento más, notó que faltaba algo y buscó en su escritorio hasta encontrar la máscara de pestañas que compró la semana pasada. La aplicó con cuidado en sus pestañas y decidió que estaba lista.
Bajó las escaleras apresuradamente, saltando algunos peldaños en el proceso, se detuvo en la sala y vio que estaba vacía. Su madre la esperaba en el auto al parecer.
Antes de salir, miró el viejo reloj junto a la televisión, marcaba las ocho y cuarenta. Estaba retrasada, otra vez.
—Bueno, solo son diez minutos.
▪︎ ▪︎ ▪︎
El viaje con su madre transcurrió como de costumbre: Marice soltaba regaños mientras Alexia los ignoraba, absorta en su celular. La mujer dejó a Alexia frente a la cafetería y prosiguió hacia la universidad, donde trabajaba como profesora en el departamento de biología.
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ENTRELAZADOS
Teen FictionLas almas enamoradas prometen volver a encontrarse en la siguiente vida, ya que una sola no es suficiente. Isaac y Alexia, dos almas que se reencontraron por azar del destino deberán aprender a convivir el uno con el otro, pero pronto descubren que...
