Soy inocente, yo no mate a mi padre - exclamó mi hermano, desesperado, apenas escuchó la sentencia. Me acerqué a él, intenté infundirle ánimo, le dije que yo le creía (y era verdad: tenía la certeza de que no mentía), pero mis palabras eran vanas: su nuevo destino estaba sellado. Apoyó su cabeza en mi pecho, lloró.
Fui a visitarlo todos los sábados por la tarde, durante veintisiete años, hasta que falleció. En el velorio, al mirar su precario ataúd desprovisto de coronas y recordatorios, sentí por primera vez el peso amargo del remordimiento.Edmundo Paz Soldán
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2 VECES BUENO 2
RandomPresentamos al lector libros que ESTE LIBRO REÚNE CASI OCHENTA AUTORES DE TODA LATINOAMÉRICA . LA PRESENTE SELECCIÓN hablan de sus cosas y que le de- SE LIMITAN A MICRO CUENTOS LATINOAMERICANOS CON UNA SOLA EXCEPCIÓN: ABUSO DE muestran que en ellos...