Adonai iba por el mundo vendiendo las tablas de la ley.
Las llevabas sobre el hombro y pregonaba:
- A dié la tabla de la ley, a dié.
Nunca nadie le compró nada.
Pero cuando murió, un carpintero que también era hebreo escribió su nombre como escriben los hebreos, de derecha a izquierda. Nunca nadie alcanzó a entender qué quería decir esa palabra escrita sobre la losa con el lápiz de carpintero: IANODA.
Pero eso sí: nadie se animó a borrarla. Ni siquiera la lluvia.ISIDORO BLAISTEN
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2 VECES BUENO 2
RastgelePresentamos al lector libros que ESTE LIBRO REÚNE CASI OCHENTA AUTORES DE TODA LATINOAMÉRICA . LA PRESENTE SELECCIÓN hablan de sus cosas y que le de- SE LIMITAN A MICRO CUENTOS LATINOAMERICANOS CON UNA SOLA EXCEPCIÓN: ABUSO DE muestran que en ellos...