Lista de muerte

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Estoy entrando a mi loft cuando noto una figura familiar de pie frente al ventanal. Me sorprende ver a Stiles ahí, sin haberme avisado. ¿Cómo entró?

—¿Stiles?

Él se gira lentamente hacia mí, pero en cuanto veo sus ojos, sé que no es Stiles. Es el Nogitsune. Inmediatamente, saco mis garras, listo para atacar, pero él solo sonríe con esa sonrisa retorcida que nunca he podido olvidar.

—Oh, Derek, tú y yo sabemos que no me harás daño —dice con calma—. No cuando él puede salir herido.

Gruño, frustrado, mis músculos tensándose por el conflicto interno. Él se ríe, un sonido frío que retumba en mi pecho.

—Sabes que tengo razón. Ese chico te importa demasiado, y no me matarías. Ni siquiera te atreverías a lastimarme, todo porque crees que puedes salvarlo.

Su tono burlón y esa mueca satisfecha en su rostro solo intensifican mi ira. Lo miro con el ceño fruncido, mis colmillos apretados, pero sé que tiene razón. No puedo atacar sin arriesgarme a lastimar a Stiles. Mi odio hacia esta criatura crece con cada palabra.

—Sabía que lo entenderías —continúa—. ¿Cómo es que te llama? Sourwolf...

El escucharlo usar ese apodo, el que Stiles a veces usa para provocarme o hacerme reír, me hace hervir la sangre. La sonrisa falsa del Nogitsune se ensancha al ver mi reacción.

—Nunca le has dicho lo importante que es para ti, ¿verdad? ¿Qué crees que pensará cuando sepa que es tu ancla? —su voz es un susurro venenoso, sus ojos burlones clavándose en los míos—. Seguramente se sentirá ofendido. ¿Quién querría ser el ancla de alguien como tú?

Siento cómo mi adrenalina se disipa lentamente, dejando espacio para la duda y la inseguridad. Stiles no sabe lo que significa para mí, y no puedo dejar que lo sepa. No debería, jamás. El Nogitsune parece leer cada pensamiento que pasa por mi cabeza y su risa suave me irrita.

—¿Qué crees que significa el rey en el ajedrez? Tu nombre estaba ahí, ¿no? —pregunta, como si hablara de algo evidente. Veo cómo sus ojos se iluminan con una diversión cruel—. Oh, Derek, tan iluso como siempre.

Antes de que pueda responder, su sonrisa se convierte en una mueca de victoria. La habitación empieza a oscurecerse, y de las sombras surgen los Oni, rodeándome por todos lados. Mi respiración se vuelve más pesada. El Nogitsune, con una katana en mano, se acerca a mí con su típica mueca burlona. Sin previo aviso, clava la espada en mi abdomen. El dolor es insoportable; siento la hoja retorcerse y rasgarse en mi carne, subiendo más, destrozando todo a su paso. Me deja gravemente herido y me suelta, dejándome caer al suelo del loft.

El dolor es abrumador. Respiro con dificultad. Mis fuerzas me abandonan, y la herida sigue sangrando sin cesar.

—¡Derek! ¡Derek! —grita una voz desesperada en la distancia—. No te vayas, no te atrevas...

Despierto de golpe, con el corazón martilleando en mi pecho y el sudor cubriendo mi frente. Estoy jadeando, luchando por respirar. No puedo seguir con esto; cada vez estos sueños son peores, más reales. Malditos sean estos sueños confusos.

El insistente tono de llamada de mi celular me desespera. Me levanto de mala gana de la cama y, todavía adormecido, contesto.

—Habla Derek.

—Soy Scott —responde al otro lado de la línea—. Necesito hablar contigo.

—Ven al loft.

Cuelgo antes de que él pueda decir algo más. Me meto en la ducha y dejo que el agua fría me despierte por completo. Me pongo la ropa que encuentro más cerca y bajo a la cocina para un desayuno rápido. Todavía estoy perturbado por el sueño, así que me concentro en un café y una tostada antes de sentarme en el sofá a leer algunos libros sobre hombres lobo que he estado postergando.

Dreams [Sterek]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora